HABLANDO DE AMORES 1.1
Hablando de amores (7) ¿Qué pasó?
Cuando regresó, más dueña de sí misma, aunque con los ojos medio enrojecidos todavía, me atreví a preguntar:
– ¿Todo bien?
– Si no te preocupes no pasa nada- Uy cuando una mujer dice que no pasa nada entonces está pasando todo y de todo ¿verdad?
– Pero es que – y que me interrumpe
-Te digo que no pasa nada, además no es de tu incumbencia-
-A ver a ver, pérame tantito, eso de que no es de mi incumbencia me vas a perdonar pero cuando alguien llora y está conmigo, pero claro que por supuesto que es de mi incumbencia-
-¿Por?- y entonces que me cargo el personaje de ofendido
-¿Cómo qué por? ¿Cómo qué por? Por el simple hecho de que estás conmigo y te veo llorar- tomé un poco de aire- y eso es algo que no me gusta. Te invité a salir no para verte llorar, mira que para eso mejor te compro un kilo de cebollas y te llevo a cortarlas bien finitas para que haya motivo- dije con tono un tanto serio y firme. Ella se me quedó viendo con una cara de ¿qué le pasa a este cuate?- a ver dime ¿qué pasa?- dije más suavemente
-Mira, si vine contigo es por pagar el favor que te pedí, no para confesarme o algo parecido ¿okey?- su voz era más tranquila -Me dijeron que eras muy detallista pero nadie me dijo que escribieras estas cosas-
– Es que a nadie le he dicho que escribo ésto y digo a nadie de la oficina, porque éstas cosas las hago desde hace mucho tiempo-
– Es que son muy bonitas y qué te digo..- calló por un momento-… nadie había tenido un detalle como éste conmigo-
-Pues es que de seguro de dónde vienes han de estar ciegos o mensos o tarados, porque a una mujer tan guapa no se le puede dejar de decir cosas bellas- y que se medio sonroja y medio sonríe
-Ay si tú, como si fuera tan guapa ¿no?-
– Pues claro que eres guapa y bella y hermosa y linda y…-
-¿Y?
– Y que más te puedo decir, si a lo mejor te hago llorar- y que se suelta riendo
-No hombre eso ya nunca va a volver a pasar- «nunca digas nunca» decía James Bond
– Bueno bueno, pero entonces ¿no hice nada malo?-
– No para nada, es que solo dos hombres han sido así conmigo-
– ¿Así cómo?-
– Pues que me hacen sentir que les importo, no sé-
– ¿Quiénes?-
– Mi papá y tú- dijo con voz de nostalgia
– Ah bueno entonces no tienes novio o algo parecido ¿verdad?-
– ¿Y para qué quieres saber?
– Pues primero para saber que estoy con una mujer libre y segundo para…
-¿Para qué?
– Para…- hormigas en el estómago y cucarachas en el cerebro ¿qué digo? ¿Cómo lo digo?- ver si quieres…-
– ¿Si quiero qué?- dijo irónica
– Pues salir conmigo- al fin lo dije, no cómo quería pero lo dije
– ¿Estamos saliendo no?-
– Bueno sí, pero no así-
-¿Ah no así, entonces cómo?-se divertía la condenada de mi nervio y mi intento de llegar a algo
– Pues tú sabes-
– No, yo no sé, tú dime- y sonreía de manera pícara
– Pues como mi novia- al fin salió, al fin suspiré y descansé y que suelta la carcajada
– Pues para eso primero «tendría» que ser tu novia ¿no?-
– Bueno claro, primero lo primero ¿verdad?- y otra vez el desgraciado nervio- ¿y quieres ser mi novia?-dije con inseguridad
– Pues no sé, tengo que pensarlo, tú sabes no es cualquier cosa y eso de aceptar al primer extraño que te lo pide pues como que no es bien visto y- y ahora el que la interrumpe soy yo
– Mario Morales para servirte ¿Okey? ya no soy un extraño-
– Pero es la primera vez que salimos-
– Pero que no sea la última por favor- dije suplicante
– Mira, qué te parece si terminamos esta vez y luego vemos-
– Pero no me dejes así, dime al menos que tengo un chancecito ¿no?-
– Pues veremos al final. A ver cómo te portas- ¡No dijo que no! y eso es de lo mejor porque hay chance
– Okey ¿qué te parece si vamos o al cine o a bailar?- chin ya se lo dije pero yo no bailo ni los ojos caray, con mis dos pies derechos, porque los míos son derechos no izquierdos
– ¿A bailar a dónde?-
-Por aquí en la Zona Rosa hay varios lugares con música variada, pero empiezan hasta las nueve de la noche, así que podemos irnos caminando para hacer tiempo ¿cómo ves?-
– Bien así sirve que hacemos digestión-
Cuando se tiene veinte años se camina lo que sea, y más cuando estamos con alguien a quien queremos. Las distancias se hacen cortas y las horas se pasan como agua. Ya eran casi las siete de la noche y el viento jugaba con su pelo. Me encantaba ver como movía las manos para acomodarse el pelo hasta que se hartó y con una liga que sacó de su “convento”, porque hay que ver lo que las mujeres llevan en su bolsa, a la que llamo “convento”, porque cuántas madres traen, ¡En serio ¿eh?!
Caminamos todo Juárez y parte de Reforma, mientras yo le hablaba de los edificios como el de la Lotería, el Monumento a la Revolución, las estatuas de Cristóbal Colón y Cuauhtémoc, los grandes hoteles que eran el orgullo de la gran Ciudad. Llegamos hasta el Monumento a la Madre en Sullivan y Villalongín, y de ahí a la Zona Rosa. Y mientras caminamos:
– Tu papá ha de ser todo un señor ¿no?-
– Mi papá ya murió-
– Oye perdón no sabía-
– Pues claro que no sabías, no se lo he dicho a nadie-
– Lo siento ¿hace mucho?-
– Bueno no mucho pero si hace algunos años-
– Perdóname-
– No te apures, no hay nada que perdonar, por el contrario me lo recordaste como hace mucho no lo hacía-
-¿Cómo era?-
– Era un gran hombre, fuerte como un roble, trabajaba en PEMEX en las plataformas, se iba por catorce días y a veces hasta por cuarenta y dos, cuando su relevo no llegaba. Pero siempre que llegaba me traía algo de regalo. Era su princesa. Como soy la única mujer pues era su consentida-
– ¿Y cuántos hermanos son?
– Tengo tres hermanos-
– ¿Y todos están allá? –
– Si todos trabajan en PEMEX, mi papá los metió. Como son más grandes que yo y ya todos casados, él les ayudó a entrar-
Hasta aquí por hoy, ya les contaré como me fue en el dichoso baile.
Hablando de amores (8) Vamos viendo
Así entre plática y plática llegamos hasta la Zona Rosa y su bullicio, las parejas (unas disparejas y otras aparejadas) caminaban por esas pequeñas calles que daban la idea de estar en otro país. Se escuchaba la música por todos lados. No faltaban los boleteros que invitaban a sus respectivos centros. Pero caminamos hasta Liverpool y se escuchó un grupo que tocaba cumbia y ella de inmediato dijo:
– ¿Qué te parece éste? –
– Pues si quieres vamos –
Entramos y como estaba casi vacío nos tocó una buena mesa. Para mi fortuna encontré un amigo que iba acompañado con sus familiares. Era un buenazo para eso del baile, así que al menos ella se podría divertir bien.
Poco a poco fue llegando más gente y la pista se llenaba cada vez más, bueno y con dos o tres estocadas encima, pues me animé a mover el bote con ella, pero de inmediato se dio cuenta que para eso yo no había nacido. Bailamos las sueltas, porque el conjunto tocó de todo, en las que hay que llevar a la pareja le pedí a mi amigo que la sacara a bailar. Pasamos más de dos horas entre las pláticas y los bailes con el grupo de amigos. Ella intentó enseñarme a bailar, con eso del dos en dos lento y rápido, o bien con un solo para todos lados, pero cuando uno es bestia pues hay que serlo a lo bestia ¿no? así que poco o nada aprendí. Serían más de las once de la noche cuando nos despedimos del grupo y salimos. El aire estaba fresco.
-¿Quieres cenar algo?
– No gracias ahorita lo que quisiera es sentarme un rato a descansar. Porque tu amigo baila muy bien y ¿te diste cuenta como me trajo? – Y como no, claro que me di cuenta, si no le perdía ningún giro, cuando la falda se levantaba y dejaba al desnudo esas hermosas piernas. Pero no se lo podía decir
– Si, es que él sí sabe bailar-
– Pues tú porque no quieres aprender-
– Es que eso no se hizo para mí-
– Ay por Dios no digas eso, lo que pasa es que tienes miedo, como todos al principio-
– ¿Miedo yo? –
– Claro hombre, todos tienen miedo a hacer el ridículo, que porque se ven mal y todos se van a reír. Es natural que lo crean así, porque como son muy machos, pues que se rían de ellos no va con su «personalidad» ¿a poco no? ¿o me vas a decir que tú no? –
– No lo había pensado así, pero a lo mejor tienes razón. Aunque yo creo que soy muy torpe para eso del baile. ¿oye qué te parece si vamos al vips aquí adelante? –
– Ándale, así sirve que comes algo mientras yo descanso-
Llegamos hasta el vips y cenamos, quesque porque de ver se antoja. Al terminar saqué mis cigarros y tomé uno y lo encendí.
– Ah ¿pero fumas? –
– Claro ¿a poco no sabías? –
– Nunca te había visto fumar-
-¿En serio? –
– Te lo juro. Jamás te había visto fumar-
– ¿Y te molesta?-
– No para nada, es más hasta a veces se me antoja
-¿Quieres?- le extendí la cajetilla
– No gracias ahorita no se me antoja, después del baile nada más con la cena está bien-
– Pues si quieres me dices ¿va?-
– Órale pues- y se me quedó viendo fijamente mientras fumaba y tomé una servilleta y me puse a escribir unos versillos:
Más
Allá del
Rincón de ensueños
Imagino tus manos así
Tomando las mías
Zalameras, tiernas
Acariciándome
y se los di-
– ¿Cómo ves ésto?- dije tímidamente
-¿Qué es? ¿Otro… cómo dices que se llama?
-Acróstico, es algo parecido, pero aquí vamos aumentando las palabras y disminuyendo hasta regresar al principio-
-¿Cómo lo haces tan rápido? –
– Bueno es que cuando estás con alguien a quien quieres es muy fácil, al menos para mí-
Lo leyó cuidadosamente, se me quedó viendo mientras fumaba mi cigarro. Sus ojos tenían otra mirada, como si quisiera atravesarme. Me sentí incómodo y me moví un poco
– No – dijo- por favor no te muevas, quédate así-
Me siguió viendo por un rato y sonrió
– Así con tu pelo me dio alborotado y tu cigarro, hasta me das la impresión de ser un escritor o poeta-
-¿En serio? – dije asombrado
– Deveras – dijo sin ironía- te ves como todo un soñador-
Pa su mecha, yo escritor o poeta, vaya que tiene imaginación la mujer ¿no? y me solté riendo
– ¿Qué? ¿Te ríes de mi o qué?- dijo medio molesta
-No mujer jamás me reiría de ti, lo que pasa es que me imaginé por un momento «yo de escritor o poeta» en medio de un salón con mi máquina de escribir y una pipa y una copa al lado ¿te imaginas?- seguí riendo- yo me veo realmente ridículo
– Pues a mí no me lo parece ¿eh? – dijo con voz más suave- yo te imagino viendo al techo buscando entre los libros alguno que te haga pensar en una mujer o un hecho o un amigo o… no sé cualquier cosa que te provoca a escribir-
-Pues ahorita solo tú me provocas escribir. Eres mi musa-
-¿Tu qué?-
-Mi musa, mi inspiración mujer-
Se hizo el clásico silencio. Ella no decía nada y yo no sabía qué decir. Su mirada quedó en la calle mirando la gente sin verla. Es algo que se nota, cuando alguien no está realmente contigo y viaja muy lejos, no sabes a dónde ni con quién. Yo respetuoso de su fuga solo la miraba. Tan linda, tan cerca y tan lejos. Diez minutos más tarde regresó.
– ¿Me llevas a casa?-
– Claro. Vamos por mi chavo-
-¿Tu qué?-
-Mi chavo, mi datsun que dejé en un estacionamiento ahí por la calle de López-
– ¿Caminando?-
– No mujer ahorita tomamos un taxi y de ahí te llevo ¿va?-
– Esta bien vamos-
Pasamos por mi chavo y la llevé hasta su casa, bueno hasta el edificio donde vivía, por allá por Portales. Estacioné el carro y me bajé a abrirle la puerta, y le dije que no hiciera nada hasta que yo llegara para abrir. La acompañé hasta la entrada del edificio.
-Pues gracias- dijo- me la he pasado muy bien
– Que bueno- dije, pero en mente ya tenía un plan trazado para preguntarle si quería ser mi novia. Aunque claro los méndigos planes siempre se echan a perder cuando menos te lo esperas- pero espero que no sea la última vez-
– No creo, pues dices que hay otras cosas que me quieres enseñar ¿no?-
– Pues sí pero…- como le pregunto- ¿cuándo?-
-Pues deja veo mi agenda y te aviso-
– Mejor ahorita ¿no? digo si no te cuesta tanto ¿verdad?-
– Es que estoy muy cansada-
– ¿Ah me vas a dejar así?-
-¿Pues cómo quieres que te deje si así te encontré?- dijo modosamente
-No, me refiero a la forma en que me dejas, así en ascuas-
– Pero a ver ¿Qué quieres saber?-
– Primero ¿cuándo?-
– Okey el sábado ¿y luego?-
– ¿Hasta el sábado?-
– Oye, si tú querías saber cuándo ¿no?-
– Bueno si okey, el sábado-
-¿Y luego?
– Pues… este… si… bueno este-
– Si ya conozco el Este, está por allá- dijo con esa sonrisita de quién sabe lo que te pasa pero se divierte contigo y estirando la mano- porque es por donde sale el sol ¿no?- Me lleva la … carajo
– Bueno pues como va- dije muy serio- ¿Quieres ser mi novia?- y solté el aire
– Ah vamos eso, pues no sé … déjame ver. Voy a analizar cómo te portaste hoy y luego te digo ¿va? – dijo con voz suave y se me acercó hasta la mejilla y me plantó un beso muy tierno pero firme
– Nos vemos el lunes en el trabajo. Chau- y se dio la vuelta y entró rápidamente, ni tiempo me dio a responder. Estaba bien pero bien sope. ¡Me había besado! y lo mejor es que no había dicho que no. Mi fin de semana había sido un éxito parcial, pero éxito ¿no?
En otra ocasión les cuento como sigue esta historia. Por hoy la dejamos hasta aquí.