Mario El Prof

PEQUÑAS HISTORIAS 003

Hablando de amores (5) Entre favores

Pasé la hora más larga de mi vida. Esperaba con ansia que se dieran las dos de la tarde, pero los minutos se hacían largos y lentos. Pero como no hay fecha que no se cumpla ni tiempo que no se llegue, eran 5 para las dos cuando salí corriendo al comedor. Llegando lo primero era ver si Maritza estaba ya sentada en alguna mesa. Doña Licha se me acercó:
– Hola de menos ¿no? digo buenas tardes ¿cómo está? –
– Este, eh bien Doña buenas tardes, perdón es que vengo buscando a – y me interrumpió
– No ha llegado, pero ya no tarda- 
– Bueno pues la espero-
– Mira en aquella mesita del rincón, espérala ahí ¿quieres mientras tu fruta?
– Pues si para empezar… no mejor no, se vería mal que empezara sin ella-
– No pues sí que se vería mal. Mejor siéntate y espérala-
Me senté y de frente a la entrada. 
Pensaba, de qué quería hablar conmigo, de qué se habría enterado o con quién habría hablado. Unos minutos más y la vi entrar. Esplendorosa y radiante, con su conjunto de blusa amarilla y saquito y falda café oscuro, unas coquetas botas y su infaltable bolsa. Me levanté de inmediato y le acomodé la silla.
-Hola – dije
-Hola perdón la tardanza-
-No te preocupes yo también casi acabo de llegar-
Llegó Doña Licha:
– Les dejo las cartas y ahorita vengo
-Si Doña gracias. ¿Que se te antoja?
– Deja ver que hay y ahorita te digo- su voz era suave y linda, no había enojo ni seriedad.
Leímos la carta y coincidimos en crema y arroz, albóndigas y frijoles. Mientras nos traían la comida, me dije «ora es cuando»:
– Bueno y qué es lo que quieres hablar conmigo-
– ¿Ha te gusta ser directo? –
– Pues es para que no me tengas es ascuas-
-¿En qué? – dijo sorprendida
– En ascuas, en esta incertidumbre caray-
– ¿Y te cuesta mucho decirlo así? incertidumbre, por qué usar palabras raras
-¿Cuál rara? es una palabra que al menos yo acostumbro-
-Pues qué costumbrita ¿eh? – 
-Bueno bueno, ¿entonces me vas a decir o no?
– Pues si así lo quieres, en directo. Mira quiero que por favor, y entiende bien «por favor» te voy a pedir que nadie se entere de lo que pasó en tu carro.
-¿Ay Dios de qué oye?- dije medio asustado y sorprendido
– De que estuve llorando tú ¿pues de qué va a ser?- dijo medio seria
-Ah ya me estabas espantando-
-¿Espantando por qué?-
– Pues no sé, de que hubiera pasado algo de lo que ni me enteré, yo tiernopurocándidosencillohumildehonestodecente e ingenuo que soy hasta me espanto-
-Jajaja como dices eso tan rápido que ni te entiendo- por fin se rio
– Pues así nomás, me sale de corrido y ya – seguía riendo
– Bueno pues te pido que nadie se entere por favor
– Soy una tumba, te lo juro- dije en tono serio
– Y otra cosa-
– Tú dime que yo obedezco-
– A mí no me gusta que nadie, óyelo bien, nadie me pague nada sin que sepa. No me gusta deberle nada a nadie ¿entiendes? –
– ¿Y eso? –
– Ya supe que tú eres el que pago la comida la otra vez-
– Ya te fueron con el chisme. Ah como son esas locas-
-Ni les eches la culpa, no fueron las muchachas
-¿Ah no? ¿Entonces quién?
– Tampoco te voy a decir, no quiero meter en problemas a nadie-
– Ya me enteraré vas a ver y entonces- levanté la mano y la extendí- unas buenas nalgadas, verás que bien se las acomodo- 
-¿Ay si tú como si fuera tan fácil no? –
– Ya veré como le hago, pero deja que sepa quién fue el chismoso o chismosa-
Doña Licha nos trajo los platos de crema y el arroz y empezamos a comer. Fui pensando qué le iba a decir en la sobre mesa. Cuando terminamos empecé:
– ¿Ahora te puedo decir algo yo a ti? –
-Pues si quieres-
– Bueno pues sí, yo he pagado la comida sin decir nada a todas las muchachas, cuando menos una vez, pero siempre sin mala intención. Siempre ha sido como un «gracias por comer conmigo» porque no sé decirlo de otra forma-
-Pero es que a mí eso no me gusta-
-Okey ya me dijiste y no volveré a hacerlo, te lo prometo-
-Conste es una promesa -«ya caíste» me dije- y las promesas se cumplen ¿eh? 
– Pero claro que seguro que así va a ser, soy un caballero y los caballeros solo sabemos cumplir- dije en tono serio y de declamador- pero ahora yo te voy a pedir un favor-
– ¿Un favor?- dijo medio inquisidora
-Sí un favor, espero que me lo puedas cumplir, así como yo cumpliré el tuyo, pues espero que puedas cumplir uno tú-
– Eso se llama chantaje- dijo medio seria
– Bueno yo le llamo corresponder, favor con favor ¿no?-
– A ver dime- dijo después de torcer un poco la boca
– Que me concedas el placer de estar contigo una tarde completa-
-¿Qué?- dijo con cara de «estas pero rebien tarugo»
– Eso, que me acompañes una tarde completa- dije en tono serio y con el nervio entre mis neuronas y las tripas hechas nudo, con ese cosquilleo que se hace cuando quieres que pase algo, que debería ser un milagro pero que no pierdes la esperanza
-¿Y cuándo?- ya la hice mecay, no dijo que no ¡no dijo que no! ¡pa su mecha!
-¿Cómo ves el viernes? – dije medio atolondrado todavía
– No pues el viernes no puedo, ya hice compromiso- chin con quién- con las muchachas para ir a una reunión con eso que le llaman baby shower- ah hasta descanse
-¿Y el sábado?- dije medio inseguro
-Deja veo mi agenda y te aviso mañana- y vio el reloj- ay ya se hizo bien tarde, ya me voy- y volteó a buscar a Doña Licha
– No te apures yo pago- dije con voz socarrona- y te estoy avisando, nomás para que no digas que no sabes, ahora si lo sabes y ándale ya vete que se te hace tarde y te van a regañar- dije con voz de mando
– Nada más porque ya se hizo tarde, pero ya quedamos ¿no? Nada a nadie- hice un gesto de cierre en la boca y se fue. No deje de ver esas caderas que se movían al compás del viento y su pelo a media espalda que llevaba el ritmo de un reloj suizo.
– Linda la niña verdad mijo- escuché a Doña Licha
– Preciosa Doña, la más linda que había visto-
– Pues a ver si no vuela la paloma ¿eh? yo te he visto acompañar a todas y con ninguna se te hace-
– Es que ninguna me interesaba Doña, ella si me interesa y mucho-
– Pues suerte muchacho, porque por lo que se ve, esta es de armas tomar- y vaya que si era de armas tomar.

En la próxima les hablaré de nuestra primera cita.

Hablando de amores (6) Primera cita

Por fin me avisó que sería el sábado cuando la vería. Traté de ponerme bien «cuco» como dicen en el pueblo. Muy casual con un pantalón de mezclilla, camisa a cuadros coloridos de rojo y negro, una chamarra oscura de cuero y mis zapatos chatos. La cita era en la Alameda, atrás del Hemiciclo a las tres de la tarde. Yo por supuesto llegué a las dos y media, para no ser impuntual. Ella llegó diez minutos antes, vaya sorpresa. ¡Una mujer que llega puntual es un milagro! Y se veía como un milagro caído del cielo. Un vestido crema con un saquito café, su infaltable bolsa de mano color miel y unos zapatos de tacón bajo haciendo juego con la bolsa. Chulada de mujer.
– Hola qué puntual ¿eh? – dije halagador
-Así es como soy, muy puntual. Respeto el tiempo de los demás-
-Oye pues que bien para mí, porque así aprovechamos mejor el tiempo ¿no?-
-¿Aprovechamos?-
– Bueno es que así la tarde nos alcanza para muchas cosas-
-Bueno ya estoy aquí, nada más no se te olvide que es solo una tarde ¿okey?- dijo con voz seria
– Si ya sé que es solo una tarde, porque eso te pedí- dije
– ¿Y qué es lo que quieres hacer?-
-Pues primero que te parece si caminamos un rato por aquí-
-Bueno- y empezamos a caminar.
Extendí mi brazo para que lo tomara pero se negó
-No mejor así, separados- 
– Bueno- dije con voz resignada y fuimos hacia el Palacio de Bellas Artes
-¿Qué te parece la Ciudad?-
-Muy bonita, además de que es muy grande
-Uy y ni te imaginas lo que hay-
-¿Que tanto hay?-
-Pues mira, aquí cerca Bellas Artes que es padrísimo, la Torre Latinoamericana con su observatorio que está increíble, sus lugares para comer como «El Moro» y su chocolate con churros, el teatro Blanquita y el Vizcaínas, para divertirse un rato-
– ¿Se ve que los conoces muy bien verdad?-
-Pues claro, son mis refugios, mis lugares de andanzas. Por aquí cerca está la Zona Rosa y todos sus teatros de variedades. Hay de todo-
-Por como lo dices parece que los frecuentas mucho-
-Cuando tengo tiempo, ya ves que a veces el trabajo me ata demasiado y no hay mucho tiempo, por eso cuando lo tengo pues lo aprovecho bien y bonito-
-¿Y con cuántas has ido a esos lugares?-
-Con nadie, a mí me gusta andar de lobo estepario, disfruto más cuando lo hago a solas-
-Ah ¿o sea que no me vas a llevar?- dijo sorprendida
– Bueno sí… claro que te llevo… digo si tú quieres ir …yo seguro que te llevo pero… es que – todo balbuceante e inseguro- es que…
-Si claro ahora que te ves obligado pues dices que si me llevas ¿verdad?-
– Es que- piensa rápido chamaco- pues una tarde no alcanza para ver todo eso. Se necesita más tiempo e ir con calma- dije soltando el aire de preocupación.
-Ah- dijo y seguimos caminando
-¿De dónde eres? –
– De Tamaulipas – yo ya lo sabía, pero debía hacer como el que no sabe
– ¿De qué parte? –
-De Tampico, no de la capital –
-Ah pues que bien- de qué hablar, qué sabía pregunto- ¿Y ya habías venido a la Ciudad de México? –
-No, no había venido-
– ¿Y qué te trajo tan lejos de tu tierra?
– El trabajo. Me ofrecieron trabajar aquí y pensé que estaría bien conocer mundo-
– Pues que bien ¿no? – ¿y ahora qué sigue? – ¿Y como ves la ciudad?
-Pues con los ojos, ¿o tú cómo la ves? – dijo con media sonrisa
– No pues también con los ojos, pero quiero decir.. –
-Sé lo que quieres decir, pero pones una cara – y sonrió 
– Ah o sea que te ríes de mi ¿verdad? –
– Pues sí, eres el único que está aquí –
– No pues está bueno, para eso vengo ¿no? para que se rían de mí, de mí que soy tiernopurocándidosencillohumildehonestodecente e ingenuo ¿verdad? – y soltó la carcajada
– Ay no sé cómo le haces, pero te sale muy chistoso todo eso que dices que ni te entiendo- y siguió riendo
-Bueno al menos te hago reír y eso me hace feliz-
-¿Por? –
-No sé, porque no me gusta verte seria o triste. Quiero verte siempre así, como ahorita, risueña y feliz. Te ves tan linda así- se sonrojo 
-¿A dónde vamos? –
-Mira primero te llevo al mirador de la Torre ¿Cómo ves? y estando ahí hay un restaurante donde podemos comer algo ¿Qué te parece? –
– Bueno – caminamos hacia la torre y subimos al mirador. Había poca gente y pudimos usar los binoculares que hay. Mientras ella los usaba yo aspiraba el aire con profundidad.
– ¿Qué haces? – 
– Aspiro el aire de las alturas hoy que está limpio. Siento como mi alma se libera y es como si alcanzara el cielo por un momento. Y me gustaría volar por la ciudad, ver a todos desde arriba. Libre como el viento, olvidándome de todo por unos momentos y llegar hasta las estrellas- me veía fijamente con un semblante diferente- perdón, es que así es como me gustaría ser a veces-
– Qué raro eres-
-¿Por? –
-Por todo eso que dices que te gustaría hacer. 
– Bueno es que eso me gustaría hacer
-Pues sí. yo creo que sí, pero, aunque muchos lo quieran hacer nadie lo dice, todos se callan ese tipo de cosas-
-Pues allá ellos ¿no crees? digo a mí me gusta decirlo, no a todos claro, pero sí a personas especiales-
– ¿A poco yo soy especial?
-Para mí sí, eres muy especial-
– ¿Por? –
– Es algo que no he podido descifrar, desde que te vi aquel día en la oficina… no sé… he sentido algo muy especial. Te recuerdo muchas veces, me gusta verte reír. Paso por tu oficina nada más para verte, aunque no me saludes ni me mires, ya con verte reír me hace el día más tolerable- su semblante había cambiado, me veía sorprendida-
– ¿vamos a comer? –
-Si claro es la siguiente acción en este día- me tomó del brazo y bajamos al restaurante
Se hizo un silencio bastante engorroso, no sabía qué decir y ella no decía nada. Comimos y mí estómago me jugaba otra de sus bromas, me cosquilleaba de nervios. ¿Qué debía decir? ¿Cómo continuar? Afortunadamente ella habló
-¿Y de aquí a dónde?-
Entonces se me ocurrió escribirle algo en una servilleta
-Espérame tantito- me puse a escribir unos versillos y se los di
-¿Qué es esto?
-Unos pensamientos, léelos –
– Miro las estrellas en el cielo
Antes de que el sol las oculte
Robo su esplendor para ti
Imaginando que vamos juntos
Tomados de la mano por el mundo
Zafiro de mi existencia eres
Al estar a mi lado.
-¿Qué es?-
– Un acróstico, así se le llama al conjunto de versos que forman tu nombre con las letras que inician-
– Qué lindo, nunca había visto uno- su voz se quebró un poco
-¿te gusta?- Vi como sus ojos cristalizaban para llorar
-¿Por dónde está el baño?- dijo
-Hacia aquellas escaleras- se levantó y se fue. Chin otra vez parece que la regué carajo. Otra vez está llorando

Hasta aquí por hoy. Después les sigo contando de esta cita que tuvo mucho que ver con saber de ella y su historia.

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