Hablando de amores (10) ¿Es sí o es no?
Vas del brazo por la calle. Caminas en el silencio de la noche aún con todo el bullicio de la ciudad: sus coches, su gente, sus merolicos y sus murmullos. Pero tú vas ensimismado en el sentimiento de tener en tu hombro la cabeza de esa mujer que te quita el sueño, de sentir el calor de sus brazos que se aferran al tuyo, que sientes el orgullo de ir al lado de quien simplemente te has enamorado.
Caminamos unas calles hasta la Alameda Central, a un lado de Bellas Artes. Mágicamente el frío disminuyó y cuando llegamos a la glorieta central, atrás del Hemiciclo nos sentamos en una de las grandes bancas de concreto.
-¿Por qué quieres que sea tu novia?- dijo
– Pues porque me gustas mucho
– ¿Nada más?
– No bueno… qué te puedo decir… porque eres muy bonita- maldita sea que más le digo
-¿Es todo?
– Bueno no
-¿Y entonces?
– Es que ni yo mismo lo sé muy bien. Desde que te vi no puedo dejar de pensar en ti… te veo a la distancia y me hace muy feliz verte sonreír. Alegras mis días, pienso en ti cada vez más. Si te veo triste o enojada me siento muy mal y ando como idiota todo el día pensando qué te pasa, de qué forma puedo hacer que no estés así-
-¿No me deseas?-
– ¿Cómo?-
– Si ¿que si no me deseas?-
– Pues claro que sí, pero eso lo tengo para después, porque de nada sirve el sexo cuando no hay entendimiento… al menos eso pienso-
-¿Cómo? no entiendo-
– Si mira, yo creo que cuando conoces a la persona, sabes cómo piensa y cómo es, lo que le gusta, lo que siente y su forma de ser, entonces se puede pensar en el segundo paso, que es el deseo-
-Ah-
Silencio y mirada perdida primero entre los árboles. Su mirada se pierde en el cielo. Me quedo esperando a que hable, no sé qué decir más.
– Sabes, alguna vez le creí a alguien todo lo que me dijo. Me bajo las estrellas y la Luna, me dijo que me amaba y que por mí daría la vida. Y me llevé el chasco de mi vida. Se portó muy feo conmigo-
-Pero yo no soy ese alguien-
-Pero te le pareces mucho. No tienes idea de cuánto-
Me lleva la tía de las muchachas y yo que me creía único
-¿Y crees que soy igual?-
-No lo sé, pero me da mucho miedo que así sea-
-¿Y entonces?-
Apretó mi mano y me miró fijamente.
-Dejemos que el tiempo nos diga que sigue ¿Te parece?-
-No entiendo
– Sigamos como hasta hoy, salgamos juntos a cenar o a divertirnos como buenos amigos. Quiero ser muy sincera contigo y que lo seas conmigo. Si hay alguien más que nos interese nos lo contaremos sin miedo. Las muchachas me han hablado de muchas cosas contigo y hoy puedo comprobar algo que me hace sentir por ti una cosa muy especial-
-¿Qué te contaron?-
– Que eres muy romántico y sincero, al menos hasta ahora ninguna de ellas me ha dicho que le pidieras que fuera tu novia-
– Cierto a ninguna-
-¿Por?-
– Porque para pedirle a alguien que sea mi novia debo estar seguro de lo que siento por ella y para mí a ellas las veo como mis hermanas, a las que quiero mucho pero nada más-
– Por eso hasta ahora puedo creerte, pero nada más hasta ahora, después no sé si cambies y seas diferente-
Guardé silencio y la vi. Había en sus ojos esa mirada de entre esperanza y desconfianza.
– Mejor te llevo a tu casa. Ya es tarde y a lo mejor tienes algo que hacer mañana temprano-
-Si mejor vámonos-
Fuimos en silencio hasta el estacionamiento por mi chavo. Nada que decir puse mi estéreo y para colmo de mis males sale esa canción de Napoleón que canta José José: Soy tu primera vez, que de seguro le va a recordar a ese alguien que le hizo daño.
Le quise cambiar
– No no le cambies por favor déjala-
Regresé la mano al volante maldiciendo mi suerte. No dijo nada mientras la oía. Cuando termino la melodía dijo:
-¿Te la sabes?-
– Si- dije sin mucho ánimo
-¿La cantarías para mí?-
– ¿Y si no me sale? es que tiene tonos muy altos-
-No importa por favor cántala ¿sí? – ¿Cómo demonios negarse, qué pretexto puedo poner si ya hice el ridículo alguna vez?
Traté de interpretar lo mejor que pude, al terminar volteé a verla y me estaba viendo.
– No quites los ojos del camino o vamos a chocar-
-¿te gustó?-
– Si muchas gracias. A ti se ve que te encanta ¿verdad?-
-Pues sí, la verdad es que me parece muy bonita-
-¿Y por qué le querías cambiar si te gusta?-
Úchale ¿cómo le digo que era para que no se fuera a otro lado, cómo le digo que era para no perderla entre sus recuerdos?
– Pues por ti-
-¿Por mí?-
-Si por ti, para que no te alejaras de mí, porque te quiero aquí-
Otra vez silencio hasta llegar a su casa.
-Por favor apaga el carro-
-¿Qué se está incendiando, dónde?- dije poniendo cara de sorpresa
– No seas payaso jajaja- bueno ya se rio y eso es ganancia
– Ok – apagué el motor y esperé
– Mira Mario, se ve que eres un buen amigo, un buen hombre y no quiero perderte. He aprendido que los buenos amigos cuando pasan a algo más, si eso se termina acabas perdiendo al amigo y no quisiera perderte. Quiero que pienses muy bien lo que me pides y estés bien seguro, y me dejes pensarlo a mí, para que si hay algo más entre los dos, sea bueno y duradero. Por hoy quiero quedarme con el sabor de tener alguien que se preocupa por mí y me quiere bien. Dejemos que el tiempo nos ayude a comprobar que podemos tener algo más. Quiero conocerte más y quiero que tú me conozcas más ¿Qué dices?-
– Qué quieres que diga si estoy en tus manos. Lo que tú digas hacemos. Yo siempre estaré esperando por ti-
Tomó mi mano y se acercó a mi mejilla para plantar el beso de despedida y me susurro- Gracias por ser así conmigo-
La acompañe hasta su entrada y me abrazó muy fuerte durante unos segundos que me parecieron eternos. Entró y llegué hasta mi chavo con un sentimiento encontrado. No me mandó al diablo por completo pero tampoco hubo el sí ansiado, así que a seguir haciendo la lucha. Porque a nosotros no nos queda de otra más que seguir en la tarea de seguir intentando ¿o no?
Bueno hasta aquí por hoy. Seguiré escribiendo sobre Maritza.