Hablando de amores (12) No es tu problema
Y como dice el dicho: “cuando andas de suerte hasta trenzona te la encuentras cuando sabes que es calva”. Pasaron dos días en los que mi niña no quería verme. Por más que la buscaba siempre se me escondía. Se rodeaba de las muchachas en la hora de la comida o se iban antes de que me diera cuenta. Quería hablar con ella antes de que me topara con Rubén.
Pero como no se pudo, me las arregle para ver a Rubén:
-¿Qué onda Rubén cómo estás?-
-Bien -dijo muy displicente- sacando la chamba ¿y tú?-
-Pos aquí nomás buscándote-
-Tú dirás pa que soy bueno-
-Pues bueno bueno estaría por verse- dije con voz seria
-Ora tú ¿pues qué traes?-
-Pues a lo que te truje chencha, como va… por ahí se anda diciendo que andas de hablador sobre Maritza y tú, yo quiero saber ¿qué onda? ¿qué te traes con ella?-
– Uy tú pues eso es asunto nuestro ¿a ti qué te va o que te viene?-
– Pues nomás que andamos juntos y eso de que andes por ahí de hocicón pues no me late y lo vamos a arreglar ahorita ¿Cómo ves?- dije retador
-¿Arreglar qué?-
– Pues para quitarte lo hablador poco hombre- dije ya en tono de enojo
-Pérate pérate si no es para tanto- dijo medio temeroso
-¿Cómo no va a ser para tanto imbécil? Ella tiene quién la defienda baboso, no está sola y para que veas pues ahorita, pa pronto salte y lo arreglamos para que no andes de hablador, pedazo de inútil- en eso se me acercó otro de sus compañeros
– Ya Mario tranquilo-
-¡Qué tranquilo ni qué tranquilo! Ahorita con este imbécil se arreglan las cosas de una vez para que no ande con sus chin…-
-Oye no te enojes maestro ¿qué quieres hacer?-
-¡Pues romperle el hocico, nada más eso!- sus otros compañeros lo trataron de proteger y se me pusieron enfrente, cuando llegó el Gerente de Compras, al que le hablaron porque me vieron muy enojado.
-¿Qué pasa aquí?- dijo en tono autoritario
– Nada aquí nomás arreglando cuentas señor- dije con seriedad
– ¿Qué cuentas?-
-Pues nada que aquí el “señorito” anda hablando mal de mi novia señor y pues vine para arreglar las cosas con él-
-Esos chismes de faldas me los arreglan fuera de la empresa, aquí nada de escandalitos-
-Pues eso es lo que le digo, que nos vamos para fuera y ahí lo arreglamos-
-¿Y entonces que haces aquí?-
-Pues nomás para ponernos de acuerdo a ver en dónde –
-Pues ya te me estás retirando a tu lugar si no quieres tener un problema conmigo-
-¿Y con usted por qué?-
-Porque soy un gerente nomás por eso-me dijo con voz de soy el que manda, pero ya estaba tan enchilado que me valió
– Pues aquí será lo que quiera pero afuera es tan ciudadano como yo, y además este asunto no se ha concluido- y que busco al Rubén y ya se me había pelado el muy desgraciado- mire, el cobarde ese ya hasta se fue mientras usted está aquí poniendo la cara por él- dije un poco más tranquilo- Mire, yo no sé qué haría usted si hablaran mal de su esposa pero a mí que no me anden con fregaderas, si él habló mal de mi novia aquí en la empresa es aquí dónde vine a buscarlo, lo arreglamos dónde sea-
-Mira muchacho ya cálmate – dijo ahora con un tono que quiso ser paternal- yo te entiendo, también fui joven y sé cómo te sientes, pero deja que yo arregle ésto sin que pase a mayores, porque te puedes meter en un problema serio y por lo que sé de ti es que eres de lo mejor que tenemos, así que ya con calma deja que hable con él ¿Qué te parece?-
– Ok está bien. Pero quiero una disculpa de ese tarado para Maritza y que ni se le acerque después de eso. Nomás eso quiero-
– Está bien no te preocupes, te prometo que yo me encargo y anda ve tranquilo-
Me fui rumiando mi coraje, no pude removerle las neuronas pero si le metí un miedo que me estuvo rehuyendo unas semanas. Lo malo vino después. Sí se fue a disculpar con mi niña al día siguiente, y como había periódico express “July”, pues se enteró de lo que había pasado y que se me deja venir. Yo sin saber nada acepté ir a comer con ella. Me creí el gran defensor, esperaba un “gracias por defenderme” o “qué bueno que lo pusiste en su lugar” o cualquier tipo de agradecimiento. Pero no, nada de eso. Llegué a la comida ahí con Doña Licha y la esperé. Entró con un conjunto azul marino, pantalón y saquito. Una blusa azul cielo y unos zapatitos muy coquetos. Me levanté para acomodarle la silla y quedamos de frente. Serio el semblante y fría la mirada.
-¿Lo de siempre para los dos?- dijo Doña Licha
-¿está bien?- le pregunté y Maritza solo asintió
-Ahorita les traigo su fruta- y Doña Licha se fue
-¿Qué te pasa? –
-Normalmente no me pasaría nada, pero esta semanita me ha pasado de todo- dijo con tono de seriedad y me dije “ora si la mula respinga y me tira” como dicen por ahí- primero un pendejo… perdón pero es que estoy muy enojada y se me salen sin querer, un idiota se pone a decir cosas de mi-
-Si –dije- eso me contaron- y que me interrumpe
-Eso es otra cosa que te quiero aclarar, pero primero debes saber que me sé defender sola, que nunca he necesitado a nadie para estar segura de mí, así que ¿quién te dijo que fueras a decirle algo al pendejo ese?- dijo con voz molesta e imperativa, para mi buena suerte se acercaba Doña Licha con la fruta y ella guardó silencio
-Aquí está su entrada muchachos ¿todo bien?-
-Sí Doña gracias- dije atento- luego nos trae arrocito con huevo por favor pero un poco más tarde, yo le aviso cuándo por favor-
-Está bien tú me avisas- y se fue
– ¿A ver dime quién te dijo?- siguió
– No pues nadie-
-¿Y entonces?-
– Pues es que me dio mucho coraje que hablara de ti y luego que le fuiste a reclamar y que estuviste llorando y ni modo que me quedara así nomás-
-Pues deberías porque primero no era tu problema-
-¿Cómo qué no?- dije un tanto serio
-Pues no, no es tu problema es mío y mis problemas los resuelvo yo. Primero vas a meterte en lo que ni te va ni te viene y luego dices que soy tu novia ¿cuándo tú? A echar más mentiras sobre mi ¿verdad? ¿Te parece muy bonito que andes diciendo de mi lo que no soy?-
-Bueno es que cómo te estaba defendiendo-
-Pues buena defensa tú, no me defiendas que yo no ando con cualquier machito que se quiere agarrar a golpes para arreglar las cosas. Si no me había equivocado contigo, no eres más que otro tipo que se quiere hacer el importante y hasta aquí la dejamos. No quiero que me vuelvas a buscar ni a hablar ¿te quedó claro?- su voz era definitiva
– Pues si así lo quieres está bien-
.Claro que está bien- y que se levanta
-¿No vas a comer?- dije
-No gracias, ya me harte y se me fue el hambre. Que no te haga provecho- y se fue. Ahí me quedé viendo su figura preciosa salir del comedor.
Una de las comidas más amargas que no tuve ganas de probar más que la fruta. Doña Licha se sentó conmigo, como ya era tarde, ahí se quedó sin decir nada, yo con ganas de llorar sin poder hacerlo, con un nudo en el estómago y nomás pensando que mi niña se me escapaba de las manos.
Su arrugada mano tomo una de las mías, me miró profundamente y dijo:
-No te apures mijo, ya verás que todo se arregla. Deja que pase un poco de tiempo y ella verá que tú eres quien la quiere bien.
Siempre es fácil dar consejos cuando no se es el que tiene la bronca encima. Mi dulce señora Licha era uno de esos seres que anda por ahí vestido normal y que son ángeles que, por tu personal ceguera, los abandonas cuando no tienes problemas. Pero cuando el dolor se presenta ahí están, a tu lado, para darte una palabra de consuelo, una mano que te brinda calor y apoyo, que te hacen sentir que no estás solo. No le pude contestar nada porque sentía que si abría la boca me pondría a llorar.
Semana y media de tensión, de estar viendo pasar a Maritza sin poderle hablar. Pero sabía virtud de conocer el tiempo dice la canción y cuánta razón tiene. La próxima les cuento de mi reconciliación.