PEQUEÑAS HISTORIAS 024
Hablando de amores (24) Más que el silencio
Se fue quedando dormida entre mis brazos. Yo como todo un caballero la cobijé y la acomodé ahí en el sofá, donde de alguna forma siempre caben dos, por muy chico que sea el sofá de cualquier sala, siempre caben dos, no pregunten cómo, simplemente ahí se cabe y punto. Tomé el control de la tele y la encendí para ver cualquier cosa que no vi, porque mi pensamiento estaba con la familia. Me preguntaba cómo estarían. Si estaban extrañándome, si se acordarían de mis locuras de sentirme Santa Claus o de andar jugándole bromas a medio mundo. En eso estaba cuando ella abrió los ojos y yo queriendo acomodarla levanté la mano y su rostro reflejó un miedo que me quedé perplejo. Se cubrió la cara y soltó un gemido.
- ¿Qué pasa?- dije sorprendido tomándole sus manos y bajándolas cuidadosamente
- Nada – dijo viendo hacia mis manos con el temor reflejado de que le fuera a hacer algo
- No por favor no me digas que nada ¿estoy viendo cómo te pones cuando levanto la mano y me dices que nada? Por favor- dije en tono molesto
- Es que pensé… –
- ¿Qué te iba a pegar?-
- No sé, me dio miedo-
- Por algo será ¿no? ¿alguien te ha pegado o hecho algo?-
- Es que… déjame tantito- se levantó y se fue al baño, mientras yo me quedé sin saber qué hacer o qué decir. Regresó unos minutos después
- ¿Qué pasó?- dije en tono conciliador
- Nada no pasa nada- la miré con atención, evitó verme a los ojos . ¿Quieres otra copa?-
- Bueno si no quieres decirme nada pues cuando menos con otro trago me entretengo- se puso a servirme y se sirvió otro tequila y sentó a mi lado
- Otro día te digo, hoy no quiero hablar de nada- me tomÓ de la mano y fuimos a poner música
Bailamos al compás que ella marcaba, pues con mis dos pies derechos yo nomás la seguía. Así recargada en mi hombro lentamente sentí como su peso se iba cayendo sobre mí.
- Si ya tienes sueño chamaca duérmete, yo te prometo no hacerte nada, mira que te lo juro por ésta- hice con mis dedos una cruz y la besé- ora que si no me crees aquí traigo otra- hice una ademan con la mano como si sacara algo de mi bolsa trasera hice otra cruz y la besé. Ella sonrió de manera sutil. Me besó tiernamente. No había el deseo ni la pasión, solo la ternura de sentir la caricia.
- Me siento muy cansada- dijo
- Vente vamos a acostarnos y duerme tranquila que yo estaré aquí a tu lado.
Nos fuimos a la recámara, y sin otra intención más que la dormir, nos acostamos. Casi de inmediato ella se quedó dormida y yo la miré como se fue yendo con Morfeo, que de seguro tenía mucho que enseñar. Mis pensamientos fueron confusos y vacilantes. ¿Quién le había pegado? ¿Quién había sido capaz de tocarle un pelo a esta bellísima criatura? Si hoy por hoy entiendo que ser niño es sinónimo de ser feliz, ser mujer es sinónimo de respeto y admiración, de llenarlas de ternura y alegría, de hacerlas vivir la vida con orgullo y dignidad. No puedo creer que existan seres que maltraten a una mujer o a un niño. Debían cortarles las manos o dejarlos lisiados a esa bola de cobardes. El sueño me fue venciendo mientras conjeturaba los peores castigos para esa caterva de seres malnacidos.
Me desperté al día siguiente. Raro porque no había cruda, aun cuando me había bebido casi un tercio del Cutty Sark que me tenía. Un poco reseca la garganta pero nada más. Ella permanecía dormida a mi lado con su brazo sobre mi pecho y su respiración cálida en mi cuello. ¿Qué estaría soñando? Recordé su miedo en el rostro y le acaricie el pelo. Despertó en ese momento y sus bellos ojos me miraron fijamente.
- ¿Aún estás aquí?-
- Si chamaca y no me pienso ir-
- ¿Por qué?-
- No lo sé, solo quiero estar a tu lado siempre-
- ¿Sin saber cómo soy en realidad?-
- Mientras no seas como esos monstros que se transforman en horribles criaturas que ¡ay nanita!- se rio de manera espontanea
- ¿Pero si el que eres de otro mundo eres tú? Tú sí que me das miedo para que veas-
- Ah caray ¿y yo por qué?-
- Pues no sé, quizá porque el día que cambies y te muestres de otra forma me hagas algo que me haga daño- entonces la miré muy serio
- ¿Cómo ése que te pegó?-
- ¿Y tú como sabes que me pegaron?-
- Pues nomás por la cara que pusiste anoche- quiso voltearse pero no la deje, suave pero firme la mantuve de frente a mí- ¿Tan mal te trataron?- escondió la cara en mi pecho y pude sentir una lágrima caer en mi piel y comenzó a llorar. Al sentir que aflojaba los brazos se zafó y sin que pudiera hacer nada, se fue a su refugio, el baño. Minutos después regresó.
- Te voy a pedir que no me preguntes nada, no quiero hablar de eso por ahora, quizás otro día pero hoy no- cono su voz era seria y firme, me hizo notar que hasta ahí llegaba esa conversación. Me levanté y quedé sentado a la orilla de la cama sin verla.
- Como tú digas. No se hable más ¿Quieres algo de desayunar?-
- ¿A poco lo vas a hacer tú?-
- Pues quien más, si hoy le di el día a la servidumbre “señora”, usted dígame que quiere y se le prepara. Solo permítame asearme para que todo esté limpio- me levanté y fui al baño. Sentir el agua correr en mi piel me calmó un poco. De pronto la puerta se abrió
- ¿se puede? – su voz era dulce
- ¡Ay Dios! Señora ¿qué se le ofrece?- dije en tono medio de apenado
- Pues ahorrar agua dicen que si la gente se baña en pareja se gasta menos ¿no?- y se quitó la bata que traía. Juro que no quería ver, pero no ver otra cosa que ese ángel sin alas era imposible.
Sus labios, su piel, su mirada y nuestro deseo se fundieron en ese mar de agua, que en chorritos pequeños, cayó sobre nosotros. Dulce baño, dulce calor como ofreciendo disculpas que no se pidieron, pero que se aceptaron.
Entre bromas y risas pasamos ese día en su departamento, ella de mi ayudante y yo como las muchachas: al quehacer, porque en mi casa, mi señora madre eso me enseñó, que el quehacer lo puede hacer el hombre o la mujer, que nada es exclusivo de nadie. Así que arreglé la casa lo mejor que pude y ella a supervisar. Solo puedo decir que fue un día bonito, como de pareja, como de casados, como siempre creo que debía ser.