HABLANDO DE AMORES 1.1
Hablando de amores. (1) El encuentro
Donde menos se espera salta la liebre, dice el viejo dicho del pueblo. Así, sin saber cómo, sin premeditarlo surgió en una mesa del comedor cotidiano. Ella sentada, sola, casi terminando su orden, mientras yo la miraba sin atreverme a nada. La señora que atendía el lugar, que ya conocía de mis prisas, amablemente me sugirió sentarme a lado de ella, y fue directamente a pedirle permiso para que ocupara un asiento. Ella no pudo negarse. ¿Qué iba a saber la señora de nuestras pequeñas diferencias?
De ese pequeño detalle en la oficina unos días atrás, cuando la conocí y me conoció.
Las secretarias de otras oficinas pasaron para ir a comer juntos, pero en una de mis bromas dije: «a que bien muelen, no ven que uno si trabaja, ¿alguien debe hacerlo en esta empresa no creen?”, y de entre ellas se asomó Maritza, que así se llamaba, diciendo: » si él va yo no voy», sentí como un cubetazo de agua fría cayó sobre mi ánimo y cambiando el tono de voz dije: » perdón, no se apuren por mí, vayan con confianza, yo voy más al rato, es que tengo mucho trabajo». Las chicas muy amables me pidieron que no fuera payaso y que las acompañara, pero el tono de voz de Maritza no aceptaba rechazo o disculpa. Eso sentí y no fui, poniendo mil pretextos. Esos ojos verdes, labios delgados, pelo largo café claro y un cuerpazo de miedo no se alejaron de mí toda la tarde.
Los días siguientes me puse a investigar y me enteré lo que en su opinión, era yo: un patán, un vanidoso egocéntrico, un pelado que después de que se preocupan por mí, me hago del rogar. ¡Vaya! eso sí que era nuevo para mi forma de ser. Yo que siempre me creí un caballero, alegre y sincero, un tipo de buen humor y atento con las mujeres, ahora tenía la «famita» de ser todo lo contrario.
Hoy sentada en la mesa, sin poderse negar a que me sentara con ella para comer, vi un rostro duro, una mirada amablemente fría y un tono de «me vales», le dijo a la señora que no había problema. Yo le pedí a la señora que no se preocupara, que esperaría a que hubiera otra mesa, pero me llevó y me sentó con Maritza. Así pude hablar con ella por primera vez.
– Hola – dije tímidamente- perdón pero es que así se porta la señora conmigo. Siempre me busca un lugar para comer
– No te preocupes- dijo en tono frío- ya casi termino.
– Pero espero que no te haya molestado-
– ¿Qué, te importa mucho?
– Un poco, yo lo que menos quiero ser es una molestia
– Pues qué raro, porque te comportas para serlo como un maestro.- dijo con voz burlona.
– Si ya sé que me comporté muy mal la otra vez, pero te juro que no es con mala intención, yo así me llevo con las muchachas
– Pues tontas ellas que te lo permiten, porque si a mí alguien me hace algo así, mira con dos yemas lo mando por un tubo- voz firme e increíblemente musical para mi
En la próxima les sigo contando de nuestra plática en la comida donde conocía a Maritza.
Hablando de amores (2) Primera conversación
– ¿Cocidas o crudas? – dije sonriendo
– ¿Cocidas o crudas qué?- dijo molesta
– Pues las yemas, porque a mí me gustan de las dos formas
– ¿Te quieres hacer el gracioso o qué?
– No para nada – en eso llegó la señora con mi caldo de pollo
– Ándele joven que si no se le va a hacer tarde
– Si gracias Doña Licha
– ¿Y usted señorita no le traigo nada más?-
– Se llama Maritza Doña Licha
– Que bonito nombre, igual que usted
– ¿Verdad que sí? si eso le decía yo, que está muy bonita
– No señora gracias- dijo con voz más suave
– Bueno lo que se le ofrezca ¿eh? estoy para servirle
– Gracias- y Doña Licha se fue
-¿Por qué le dijiste mi nombre?- me encaró
– Perdón oye, no creí que fuera un secreto nacional
-Mira, quiero que te quede clara una cosa, me caes mal, no quiero volver a hablar contigo. Hoy la circunstancia y la amabilidad de la señora te trajo aquí, pero espero que sea la última vez ¿Te quedo claro? – Voz seria y fuerte
– Mas claro que el agua de la Ciudad de México deveras. Pero te puedo pedir un favor, digo ¿si se puede verdad?
-¿Cuál?
– Que no te enojes, porque te ves menos bonita cuando estas con esa cara de pocos amigos. – volteo hacia otro lado con una media sonrisa que intentó ocultar, pero que alcancé a ver -aunque no me hables, ni me dirijas la palabra. Te juro que no me vuelvo a acercar a ti pero no quiero verte enojada ¿Me harías ese favor? -su rostro regreso a la seriedad cuando me hablo
– Pues si no te acercas no tengo porque enojarme.
– Bueno, ahora si voy a comer sabroso sabiendo que no te veré enojada-
Seguimos en la mesa por unos 10 minutos. De pronto se levantó y la señora Licha llegó hasta nosotros
– ¿Como siempre mijo?
– Si Doña Licha porfa como siempre -dije y Maritza se nos quedó viendo extrañada
– Bueno ahorita vengo- y se alejó
-¿Y ahora qué? – dijo Maritza sorprendida
– Nada- dije- es un acuerdo entre la señora y yo- seguí comiendo preparando mi taco de salsa y tomando mi caldo de pollo mientras ella se sentaba y llamaba a la señora.
– Espero no se tarde para cobrarme que se me hace tarde- yo seguí en silencio comiendo hasta terminar mi caldo. Voltee hacia la barra y le hablé a un muchacho que le ayudaba a la señora Licha
– ¿Oye Beto me traes mi arroz con un huevo estrellado porfa?-
– ¿Estrello uno o los dos?- dijo con ese tono de albur
-¿Qué paso mi Beto? nomás uno -y soltó la carcajada
– Ya va – y tomó un plato llevándolo a la mesa- si ya sabe que siempre se le tiene listo su arroz con huevo ¿y de guisado?-
– Pues el chicharroncito en verde ¿como ves?-
-¿Con o sin frijoles?-
-¿Son de la olla?-
– Y negros como a usted le gustan-
– Ah que bien, porque una comida sin frijoles es como un jardín sin flores o una noche sin estrellas o una mesa sin dama-
– No y con esta compañía ni quien se pueda quejar ¿no?-
– Le puedes decir a la señora que si me cobra por favor- dijo Maritza con tono de ¿Quién me pela?
– Si señorita ahorita le digo- y se fue a la cocina
– ¿Si señorita Maritza, dígame?- dijo Doña Licha que venía por las espaldas de Maritza
-¿Es que no me ha dicho cuánto le debo?-
– Nada señorita ya está pagado-
– ¿Cómo que ya está pagado?-
-Si usted no se preocupe-
-¿Y quién pago?
– Pues de seguro un admirador suyo- dijo maliciosa Doña Licha
– Pues a ver si me dice quien fue, porque yo no acepto que paguen por mí y menos cuando no sé quién es- la mirada de Doña Licha se desvió hacia otra mesa- ya voy perenme tantito, luego le digo ¿sí? déjeme atender a esos muchachos que siempre vienen corriendo- y se alejó rápidamente
-¿Tú sabes quién fue?- me dijo y yo seguí comiendo mi arroz como si no oyera- te hablo ¿No sabes quién fue?-
-Perdón ¿me hablas a mí?- dije en tono sorprendido
– Pues a quien más, eres el único en esta mesa ¿no?- su tono era de imperiosa interrogación
– Es que como me dijiste que no te volviera a hablar, pues no pensé que me hablaras a mí- dije en tono de santa inocencia
– Deveras que eres insoportable ¿eh? que no te haga provecho- y se levantó y se fue moviendo cadenciosamente la falda que no perdí de vista hasta que salió.
– ¿Bonita la niña verdad mijo?- escuché a mi espalda
– Si Doña Licha pero se ve que es de un genio como para que me cumpla tres deseos caray- dije suspirando
– Pues con que te cumpla uno mijo, que los demás vienen solos ¿no?-
– Pues si ¿verdad? con que me cumpla uno y ya- seguí comiendo con el sabor de haber estado con la niña más linda que hubiera conocido, aunque no me quiera hablar.
En la próxima les hablaré de cómo se inició nuestra amistad primero.