Hablando de amores (9) En la espera
¿Qué haces cuando recibes una caricia de ese ser al que idealizas y lo tienes al alcance de la mano? Subí a mi chavo y me fui al departamento dónde mis amigos estaban de juerga, como casi todos los sábados. Julio el encantador, tipo del norte del país. Ernesto el simpático del bajío y Jaime el acomplejado del occidente. Los tres buena onda, estudiantes todavía. Llegar a jugar cartas o dominó, desvelarse para que el domingo se tenga el pretexto de ir por una buena barbacoa o un caldo para curarse la cruda. Les intrigaba que sus chanzas y burlas no hicieran mella en mi ánimo, por más que le buscaban yo estaba en otro lado, pensando en mi Maritza.
Arreglamos la casa como todos los domingos por la tarde, cada quién hizo su tarea y el depa quedó limpio. Como siempre.
Toda la semana me la pasé buscando la forma de comer con ella, pero no se me hizo. O estaba con todas las otras o llegaba cuando ella ya se iba. Tuve que hacer mis averiguaciones con mis amigas para saber, que estaba tarde el jueves y me esperé para hablarle por teléfono.
– Hola- escuché
-Hoola- dije con voz medio tipluda
– ¿Que pasó Mayito?- dijo con voz irónica
– Nada pues aquí tratando de hablar con ese ángel que me trae de un ala-
.- ¿Ni que fueras pájaro tú?- y se rio
– Pues no, no soy pájaro pero ando volando bajo por ti-
– ¿Y eso?-
– Pues es que me no me hablas, no me pelas, no sé qué hacer-
– Pues ya ponte a hacer algo, porque si no te van a correr-
– No si mi trabajo si lo hago, aunque a veces hasta doble porque me equivoco mucho cuando pienso en ti-
– ¿Ah pero piensas? Oye eso sí que es un milagro. Un hombre que piensa es increíble y siendo tú pues un milagro-
– Ah ya ves cómo eres-
– ¿Cómo soy? – y escuché que se reía
– Pues así. Te burlas de mí que soy tiernopurocándidosencillohumildehonestodecenteingenuo chulada de gente que soy caray-
-Jajaja deveras que no sé cómo lo dices tan rápido-
– Pues cuando se es así, pues sale muy bien ¿no?-
– Bueno bueno ¿qué se te ofrece? porque has de saber que estoy trabajando-
– Pues preguntarte cómo a qué horas sales-
– Como en una hora ¿por?-
– Para esperarte y llevarte a tu casa-
– Ah sí es para eso ni te apures, que yo me sé ir solita, ya conozco el camino y no me pierdo-
– No si no es por eso, es que quiero llevarte-
– Pero quieres llevarme a mi casa como si no supiera irme-
– Bueno pues te llevo a donde quieras, tu mandas y yo obedezco ¿como ves?-
– Pues déjame ver y te aviso-
– Sale pues ¿me llamas?-
– Si yo te llamo-
Cómo es de méndigo el tiempo cuando esperas, se hace más lento, los minutos pasan como de rodillas, en serio, ves como el segundero va despacio por todo su recorrido. Pero como dicen en el pueblo «cuando el tiempo pasa, la hora se llega» después de unos 50 minutos me habló y fui por ella.
Afortunadamente todos y todas ya se habían ido, así que solo íbamos los dos en mi chavo.
– ¿A dónde quieres ir a cenar algo?-
– No sé, a donde tú quieras-
– Está bien un chocolatito con churros en «El Moro» de Lázaro Cárdenas ¿como ves?-
– Oye que buena idea, con este frío me caería muy bien-
Y enfile hacia el centro.
– Oye y ¿qué onda para el sábado?-
– ¿Qué onda de qué?-
– Pues es que tenemos una cita ¿no?-
– Ah sí pero te dije que no era seguro, que ya vería-
– ¿Y lo viste?-
– Pues sí y no-
– ¿Cómo que sí y no?-
– Pues si lo vi y… pues pienso que te mereces otra oportunidad ¿verdad?-
– Oye que bien-
– Pero no este sábado-
– ¿Por?-
– Pues porque tengo muchas cosas que hacer y no me va a dar tiempo-
– Si quieres yo te ayudo y así si te da tiempo ¿no?-
– No, no son cosas en las que me puedas ayudar-
-¿Pues qué tienes que hacer?-
– Oye qué preguntón eres, son cosas que tengo que hacer y no cosas que vaya a andar diciendo a todos- dijo medio molesta
– Bueno pero no te enojes, yo nomás decía-
– Pues no andes diciendo tonterías-
Seguí manejando y me pensé: cuánta razón tiene aquel que dijo que a las mujeres no hay que entenderlas, sino solo amarlas. Silencio en el camino, en la radio mis boleros en el fonógrafo, la estación que más me gustaba. Empecé a tararear esa que dice: Novia mía, desde el primer y fiel abrazo… en tu regazo mi negra y cruel melancolía, soy muy tuyo, y tu amor lo ha comprendido, al verme así, así rendido, a tus caprichos mi orgullo, al abismo, no temo ir en desenfreno, si no me apartas de tu seno, novia de todo mi egoísmo. Y me seguí tarareando con la música.
– Oye no se te oye tan mal ¿eh? –
– ¿Tú crees? –
– Pues si lo creo-
Otro silencio hasta llegar al estacionamiento. Fuimos a tomar el chocolate con churros y la llevé a su casa. Hablamos del trabajo, del clima, de las amigas. y me entero que hay dos o tres que andan loqueando con la gente del trabajo. Y ya saben, uno se entera de tantas cosas en esas pláticas, que nos guardamos por respeto. Aunque supe de mis admiradoras, que me quieren bien y me defienden. Algo de celos hay en su voz, digo, uno sabe con el tono de voz cuando te lo dicen, o de los motes que les ponen cuando hablan de ellas.
– Esa Julieta anda que se derrapa por ti- me dijo
-¿A poco? –
– Uy si vieras cuando habla de ti, todo lo que dice-
– ¿Qué dice?-
– Que porque eres muy decente, que no te escucha hablar malas palabras, que eres muy tierno, que todo un caballero, que cuando le hiciste la broma de pagar la comida ella soñaba que fueras tú y ya no me acuerdo que más-
– Exagera la chamaca-
– Eso le dije, que le digo ¿qué se me hace que ya te pego el amor? y que me dice «pero como amigo nada más, yo lo quiero como amigo porque es bien lindo»-
-¿Y tú qué crees?
-No sé, yo no te conozco todavía, hasta ahora andas como… como te digo-
-Pues así nomás dilo-
– Andas de pretendejo jajaja-
-¿De qué?
– Si hombre de pretendiente que ahora se pone hasta de tapete si es necesario, pero cuando ya consigas lo que buscas pues de seguro vas a cambiar-
– No pues no lo sé. Yo creo que siempre soy así como me has visto hasta ahora-
-No te creo, pero eso es lo de menos. Deberías hacerle caso-
– Pues no lo había pensado- y un pequeño mohín, torcedura de boca endurecimiento de labios y vista a otro lado, son señales que no puedes perder- porque en realidad ella no me interesa más que como amiga.- una leve sonrisa casi imperceptible llegó a su cara- solo como una buena amiga
– Pues si quisieras…-
– Pero no quiero, yo quiero contigo- dije tomando su mano
– ¿Ah sí?-
– Si te lo dije la vez pasada y te lo repito ahora ¿Quieres ser mi novia?-
Se me quedó viendo muy fijamente. Sentí como esos ojos verdes me atravesaban como buscando algo muy dentro de mí, también vi como sus ojos se llenaban de agua, que bien sé que es salada, me apretó la mano y sin decir nada me besó en la mejilla.
– Eres muy tierno y muy ingenuo. No me conoces, sabes casi nada de mí, me cuidas y me dices que me quieres. Vámonos de aquí por favor- se levantó y fue al tocador. Pedí la cuenta y cuando regresó salimos al frío de la noche. Me tomó del brazo y su cabeza se recargó en mi hombro.
Por hoy aquí lo dejamos. Espero les guste y seguiré escribiendo sobre Maritza.
Hablando de amores (10) ¿Es sí o es no?
Vas del brazo por la calle. Caminas en el silencio de la noche aún con todo el bullicio de la ciudad: sus coches, su gente, sus merolicos y sus murmullos. Pero tú vas ensimismado en el sentimiento de tener en tu hombro la cabeza de esa mujer que te quita el sueño, de sentir el calor de sus brazos que se aferran al tuyo, que sientes el orgullo de ir al lado de quien simplemente te has enamorado.
Caminamos unas calles hasta la Alameda Central, a un lado de Bellas Artes. Mágicamente el frío disminuyo y cuando llegamos a la glorieta central, atrás del Hemiciclo nos sentamos en una de las grandes bancas de concreto.
-¿Por qué quieres que sea tu novia? – dijo
– Pues porque me gustas mucho
– ¿Nada más?
– No bueno… qué te puedo decir… porque eres muy bonita- maldita sea que más le digo
-¿Es todo?
– Bueno no
-¿Y entonces?
– Es que ni yo mismo lo sé muy bien. Desde que te vi no puedo dejar de pensar en ti… te veo a la distancia y me hace muy feliz verte sonreír. Alegras mis días, pienso en ti cada vez más. Si te veo triste o enojada me siento muy mal y ando como idiota todo el día pensando qué te pasa, de qué forma puedo hacer que no estés así-
-¿No me deseas?-
– ¿Cómo?-
– Si ¿que si no me deseas?-
– Pues claro que sí, pero eso lo tengo para después, porque de nada sirve el sexo cuando no hay entendimiento… al menos eso pienso-
-¿Cómo? no entiendo-
– Si mira, yo creo que cuando conoces a la persona, sabes cómo piensa y cómo es, lo que le gusta, lo que siente y su forma de ser, entonces se puede pensar en el segundo paso, que es el deseo-
-Ah-
Silencio y mirada perdida primero entre los árboles. Su mirada se pierde en el cielo. Me quedo esperando a que hable, no sé qué decir más.
– Sabes, alguna vez le creí a alguien todo lo que me dijo. Me bajo las estrellas y la luna, me dijo que me amaba y que por mí daría la vida. Y me llevé el chasco de mi vida. Se portó muy feo conmigo-
-Pero yo no soy ese alguien-
-Pero te le pareces mucho. No tienes idea de cuánto-
Me lleva la tía de las muchachas y yo que me creí único
-¿Y crees que soy igual? –
-No lo sé, pero me da mucho miedo que así sea-
-¿Y entonces? –
Apretó mi mano y me miró fijamente.
-Dejemos que el tiempo nos diga que sigue ¿Te parece?-
-No entiendo
– Sigamos como hasta hoy, salgamos juntos a cenar o a divertirse como buenos amigos. Quiero ser muy sincera contigo y que lo seas conmigo. Si hay alguien más que nos interese nos lo contaremos sin miedo. Las muchachas me han hablado de muchas cosas contigo y hoy puedo comprobar algo que me hace sentir por ti una cosa muy especial-
-¿Qué te contaron?-
– Que eres muy romántico y sincero, al menos hasta ahora ninguna de ellas me ha dicho que le pidieras que fuera tu novia-
– Cierto a ninguna-
-¿Por?-
– Porque para pedirle a alguien que sea mi novia debo estar seguro de lo que siento por ella y para mí a ellas las veo como mis hermanas, las que quiero mucho pero nada más-
– Por eso hasta ahora puedo creerte, pero nada más hasta ahora, después no sé si cambies y seas diferente-
Guardé silencio y la vi. Había en sus ojos esa mirada de entre esperanza y desconfianza.
– Mejor te llevo a tu casa. Ya es tarde y a lo mejor tienes algo que hacer mañana temprano-
-Si mejor vámonos-
Fuimos en silencio hasta el estacionamiento por mi chavo. Nada que decir, puse mi estéreo y para colmo de mis males sale esa canción de Napoleón que canta José José: Soy tu primera vez, que de seguro le va a recordar a ese alguien que le hizo daño.
Le quise cambiar
– No no le cambies por favor déjala-
Regresé la mano al volante maldiciendo mi suerte. No dijo nada mientras la oía. Cuando termino la melodía dijo:
-¿Te la sabes?-
– Si- dije sin mucho ánimo
-¿La cantarías para mí?-
– ¿Y si no me sale? es que tiene tonos muy altos-
-No importa por favor cántala ¿sí? – ¿Cómo demonios negarse, qué pretexto puedo poner si ya hice el ridículo alguna vez?
Traté de interpretar lo mejor que pude, al terminar volteé a verla y me estaba viendo.
– No quites los ojos del camino o vamos a chocar-
-¿te gustó?-
– Si muchas gracias. A ti se ve que te encanta ¿verdad?-
-Pues sí, la verdad es que me parece muy bonita-
-¿Y por qué le querías cambiar si te gusta?-
Úchale ¿cómo le digo que era para que no se fuera a otro lado, cómo le digo que era para no perderla entre sus recuerdos?
– Pues por ti-
-¿Por mí?-
-Si por ti, para que no te alejaras de mí, porque te quiero aquí-
Otra vez silencio hasta llegar a su casa.
-Por favor apaga el carro-
-¿Qué se está incendiando, dónde?- dije poniendo cara de sorpresa
– No seas payaso jajaja- bueno ya se rio y eso es ganancia
– Ok – apague el motor y esperé
– Mira Mario, se ve que eres un buen amigo, un buen hombre y no quiero perderte. He aprendido que los buenos amigos cuando pasan a algo más, si eso se termina acabas perdiendo al amigo y no quisiera perderte. Quiero que pienses muy bien lo que me pides y estés bien seguro, y me dejes pensarlo a mí, para que si hay algo más entre los dos, sea bueno y duradero. Por hoy quiero quedarme con el sabor de tener alguien que se preocupa por mí y me quiere bien. Dejemos que el tiempo nos ayude a comprobar que podemos tener algo más. Quiero conocerte más y quiero que tú me conozcas más ¿Qué dices?-
– Qué quieres que diga si estoy en tus manos. Lo que tú digas hacemos. Yo siempre estaré esperando por ti-
Tomó mi mano y se acercó a mi mejilla para plantar el beso de despedida y me susurro- Gracias por ser así conmigo-
La acompañe hasta su entrada y me abrazó muy fuerte durante unos segundos que me parecieron eternos. Entró y llegué hasta mi chavo con un sentimiento encontrado. No me mando al diablo por completo pero tampoco hubo el sí ansiado, así que a seguir haciendo la lucha. Porque a nosotros no nos queda de otra más que seguir en la tarea de seguir intentando ¿o no?Bueno hasta aquí por hoy. Seguiré escribiendo sobre Maritza.