Hablando de amores (14) La verdad a flote
Pero siempre se llega el día en que las cosas toman su rumbo. Cuando llegó la quincena, Maritza fue con el Sr. Botello para darle las gracias por haberla solicitado para el área y ¡zas! Que la encierra en su oficina y, supongo que le dijo que quien la había solicitado era yo, porque al salir me vio con unos ojos, ay mamacita que ojos, entre llorosos y arrepentidos de su trato hacia mí. Fue a su escritorio y escribió en un papelito “¿A qué hora piensas salir?” y me lo dejo sobre mi escritorio. Me acordé de mis días de escuela. ¿A poco no lo hicieron alguna vez? Era de ley mandarse recados con los cuates o con las niñas, escribir para ponerse de acuerdo a la salida o para el descanso o para burlarse de las tarugadas de otros ¿a poco no?
Ese papelito lo guardo con mucho cariño, es parte del arcón de mis recuerdos, es una parte de mi vida que no quiero olvidar. De hecho, no quiero olvidar nada de lo que me ha pasado. Pero regresando con mi princesa, les diré que escribí “a la hora que tú me digas” y se lo dejé en su escritorio de manera, según yo discreta, pero ya saben que no falta la July que nomás nos andaba cuidando y, obvio, era noticia. Ella escribió “paso por ti cuando termines. Avísame porfa” y contesté “claro no te preocupes yo te aviso cuando termine”. No cabía de alegría, había unas…. qué digo mariposas, méndigos Pterodáctilos me aleteaban en la panza. Más atento a la salida que al trabajo, escuché cuando algunas o algunos pasaban y le preguntaban que a qué hora iba a salir. Méndigo nervio por escuchar la contestación –Bien tarde manito o manita- según fuera y todo por esperarme. Ese Botello nomás se hacía tarugo en la oficina y no se iba, salía y le preguntaba que si ya se iba y contestaba medio burlón –No todavía no ¿por?- – No por nada- decía yo y lo veía alejarse y regresar minutos más tarde. Yo no podía irme antes que él porque le había dicho que tenía mucho trabajo y esperaba terminarlo ese mismo día. Mi plan era llevármelo a casa y terminarlo allá para que así me diera tiempo de salir con mi niña. Pero más sabe el diablo por viejo, no por diablo. En una de sus salidas me dijo condescendiente –Anda ya vete que tendrás algo que hacer. Pero mañana antes de las doce quiero las sábanas en mi escritorio- no me lo dijo dos veces, ya eran pasadas las siete y salí al baño dejando un papelito en el escritorio de Maritza, que no estaba ahí. Al regresar la vi recogiendo sus cosas y con un guiño de ojos le hice saber que ya saldría. Recogí mis cosas y llegué hasta ella con un -¿Nos vamos?- dije medio tímido – si espérame tantito, te alcanzo en tu carro- dijo sin verme –No, te espero a que termines- y ella siguió arreglando sus cosas.
Salimos y el aire fresco jugaba con su pelo de una manera increíble, se veía tan linda. Sin mediar nada me tomó del brazo y pasamos cerca del departamento de embarques y para mi orgullo todos vieron que la llevaba del brazo, iba como el dueño del mundo, aunque no tenía un peso partido por la mitad me sentía el hombre más rico del mundo, más feliz de la tierra, qué digo de la tierra, del Universo mismo. No caminaba, volaba entre nubes pensando que nadie podría sentir jamás lo que yo en esos momentos.
-¿A dónde vamos?- dije
-Hay una cafetería por ahí por el depa, digo ¿sí me das un aventón verdad?- su voz era suave y tierna, me llego a los oídos como caricia
-Ya sabes que sí, que yo te llevo a donde me digas- y tomé con rumbo a su departamento- Oye…- iba a empezar a preguntar y que me interrumpe, cosa que se iba haciendo costumbre
– Por favor ahorita no me digas nada ni preguntes nada. No seas ansioso y ahorita que lleguemos al café hablamos-
-No pos así qué ni qué mujer, traes puñal- dije resignado y que suelta la carcajada, linda la condenada, chula de bonita
-Anda tú pon el radio y deja de decir tonterías-
-Sí claro tonterías- dije con el plan bien trazado de hablar en mi chavo, pero si era bien linda era más lista
– Te dije que llegando hablamos y que pusieras el radio ¿no?- y encendí el estéreo y que sale una de mis favoritas, como a la mitad de la canción “Qué vas a hacer esta noche” con Palito Ortega ¿se acuerdan de ella? Y que la empiezo a tararear, malo cuando el aire está contaminado, porque chillas a producto gallináceo ¿qué no? Me dijo- Ni se te ocurra cantarla ¿eh? Por favor déjame oírla con el original-
-No pos está bien- dije y me resigné a no cantar una de esas canciones que son mis favoritas. Así viajamos hasta llegar a la cafetería, entre melodías bellamente dramáticas, ah porque todas las setenteras son un drama ¿a poco no?
-¿Por qué eres así?- dijo Maritza
-¿Así cómo?-
-Así como te portas conmigo, así como de otra época, así como… no sé… raro- mientras la escuchaba saqué mis cigarros y encendí uno
-Raro – dije un tanto desidioso- ¿es raro aquel que se enamora?
-¿A poco estás enamorado de mí?-
-Pues yo creo que sí, porque ya te había dicho que desde que te vi algo se me movió aquí adentro- señalé el corazón, al menos donde creemos que está- y no te puedo sacar de ahí, te has adueñado de mi vida de mis pensamientos y de mi entorno-
-¿De tu qué?- dijo con media sonrisa
-De mi entorno, de todo mi alrededor. No hay cosa que no me recuerde que existes. Hasta cuando estoy solo estás ahí conmigo, donde quiera que voy se me aparece tu imagen-
-Eso le has de decir a todas-
-¿De cuántas te has enterado?- dije serio
-No pues de ninguna-
-Ahí está, para que veas que no a todas-
-Bueno hasta ahora no he sabido-
-Y ni te enterarás porque eres la primera a la que se lo digo-
-Ay ahora me vas a decir que soy tu primera novia ¿no?- y soltó la carcajada tan linda y discreta
-No pues no eres la primera novia que tengo, pero si la primera a la que le digo todo esto-
-¿si tú cómo no?-
-Te lo juro. A mis novias anteriores nunca se los dije- seguía queriendo aclarar cosas- fueron muy lindas las cosas que pasamos y todo lo que vivimos pero… uno es muy inexperto y hace muchas copias de lo que ve en la tele o en el cine. Pero si no sabes tratarlas acaban por dejarte por alguien de quien se enamoraron o creen enamorarse y pues se van. Con ninguna salí de pleito o enojados, simplemente aprendes a dejar ir, lo que no es para ti aunque lo desees mucho- me veía de manera extraña, como si quisiera atravesarme