PEQUEÑAS HISTORIAS 015
Hablando de amores (15) Dulce reconciliación.
-¿Por qué te enamoraste de mí?-
-No lo sé, simplemente me pasó. Te vi y quedé atrapado por ti- sus ojos seguía fijos en mí. Tomó una de mis manos y sentí un estremecimiento involuntario
-No sé disculparme, ya te lo había dicho- dijo sin verme a la cara, ahora veía a la mesa- no sabía que tú habías pedido que fuera a trabajar a su departamento, me lo dijo el Sr. Botello. Por un momento creí que por mi trabajo no me habían despedido, pero me equivoqué- su voz sonaba triste e irritada- me dejaron el trabajo porque alguien lo solicitó y no por mí- vi dos lágrimas correr por sus mejillas mientras su cara buscaba algo en la calle y yo sin saber qué decir o qué hacer- como siempre me pasa, me equivoco en todo soy un fastidio hasta para mí misma- y se inclinó sobre sus brazos y se puso a llorar. Yo, como un verdadero idiota estaba ahí, viendo llorar a mi princesa, mi niña, seguramente con cara de estúpido sin saber qué hacer, aunque a veces no hay nada qué hacer sino escuchar, solamente escuchar.
Tomé sus manos y las apreté lo más firme y suave que pude. La dejé llorar unos minutos, así sin decir nada. Solo la miraba y ella con la cabeza baja sollozaba. Después se fue calmando.
-Por favor deja de llorar. Me duele tanto verte así- dije suavemente
-Es que no sabes…-
-Claro que sé cómo te sientes y te quiero aclarar dos cosas: primero que si te quedaste con el trabajo, es porque eres una buena secretaria, digo es cierto que le hablé al señor Botello de ti, pero él ya tenía hecha la solicitud con tu nombre, no lo puso porque yo se lo pidiera. Y segundo para mí no eres un fastidio, eres la mujer más bella que he conocido y que sí me enamoré de ti así como eres, así te quiero siempre, orgullosa y firme. Toda esta semana no he podido dejar de pensar que tu felicidad es lo más importante para mí, aunque no me peles, aunque no me hables, aunque me ignores. Siempre que seas feliz yo seré feliz- mi voz se quebró y ya no supe qué decir. Sonreía frente a ella, levanté su cara y limpié sus lágrimas con mi mano. Mi cigarro se había consumido sin haberle dado más que una bocanada.
-Estos ceniceros son unos méndigos, se fuman mis cigarros y nunca me ayudan a comprarlos- dije en tono de molestia y ella sonrió
-¿Y qué esperabas? Lo ceniceros son para dejar las cenizas no para dejar los cigarros- dijo más tranquila
-Pues sí pero no se vale- dije con hipócrita enojo
-¿Te puedo preguntar algo?-
-Sí, lo que quieras-
-¿Si te pelearías por mí?-
-Pues claroqueporsupuestoque sí ¿por?-
-¿Por qué?-
-¿Cómo que por qué? Pues porque cuando se trata de alguien a quien quiero, estimo o me interesa, pues quiero que sepan que no le pueden hacer daño sin sufrir las consecuencias, y al menos las que más se recuerdan son las de los puños. Yo le ando rompiendo la cara a quien se mete con alguien que quiero.
-¿A mí me quieres?-
-Más que eso, eres la mujer de mi vida y no sé por qué, pero te llevo en mi sin que yo quiera, sin que me dé cuenta. Apareces al más mínimo pretexto. Y más ahora que estás todo el tiempo en la oficina.
-¿Pero si ni te hablo?-
-Pero te veo feliz, te veo contenta y como te llevas con los demás. A mí me basta con que estés bien. Si no quieres estar conmigo ¿Qué quieres que haga? A fuerza ni los zapatos, dicen en el pueblo. Yo solo me conformo con verte todos los días. Ya te había dicho que el ver tu sonrisa alegra mi día.
-¿Y a ninguna novia se lo has dicho así? ¿Soy la primera?- Ah caray caray he de haber puesto una cara de baboso, porque sonrió maliciosa
-Haber haber pérame tantito ¿eso quiere decir que..?- balbucee
-Si es cierto todo lo que has dicho de mí, quiere decir que vamos viendo-
-No no pérame tantito- y que me cambio de silla para estar a su lado- ¿quieres ser mi novia o no?- dije emocionado
-Digo que vamos viendo porque no has pasado la segunda salida- dijo sonriendo
-Pero es fácil, salimos mañana mismo. Es más, estamos saliendo ahorita y ya sería la segunda ¿no?- le dije tomando su mano y subiendo otra mano a su cara. Vi sus ojos verdes hermosos, su cara estaba tan cerca que no me pude contener la atraje hacia mí y busqué sus labios con suavidad. Un beso largo y delicioso. El tiempo se detuvo y volé por los confines de su alma buscando la mía que se la había llevado. En eso estaba cuando llego la mesera con la clásica tosecita a separarnos.
-¿Qué les traigo?- dijo divertida de la travesura que había hecho
-¿Quieres cenar algo preciosa?- pregunté a Maritza
-Si por favor unos molletes y una coca-
– Entonces para MI NOVIA- con ese tono de ya no se echa uno pa atrás ni para agarrar vuelo- los molletes y la coca, y para mi unos chilaquilitos verdes con dos huevos estrellados por favor y un café de olla si lo tienes ¿sí?-
Una cena amable con las manos juntas. Yo mirando el universo en sus verdes ojos, ella con su mano tomando la mía y recargada en la mesa, con una pose de pregunta que no se hace.
Salimos al frio de la noche otoñal. Ya pasa octubre y se siente el aire seco, lleno de aroma a Cempaxúchitl que anuncia la llegada de los días de muertos. ¿Y quién se puede resistir a una visitadita a los panteones para saludar a los que se nos adelantaron? Pues yo creo que nadie, pero hay de gustos a gustos. Así que de una vez a presentar a la belleza a mis queridos difuntos, que desde algún lado me han de estar viendo y cuidando.