PEQUEÑAS HISTORIAS 016
Hablando de amores (16) Mi gente
Después de la cena la llevé hasta su departamento y no hubo despedida fría, como antes. Arrumacos y besos en mi chavo. Y vamos poniéndole nombre al niño ¿no?
-¿Mañana tienes algo que hacer?- dije
-No, hasta ahorita no hay plan para el fin ¿por?- tomé sus manos y las besé
-Porque te quiero presentar a mi pueblo-
-¿Presentarme a quién?-
-Es una sorpresa. Si no tienes qué hacer pues, cómo ves que yo te lleve a conocer otra parte de mi ciudad. Ahí donde nací y crecí-
-Ay tú ¿a dónde me quieres llevar?- dijo sonriendo, que bella sonrisa tiene. Bueno hay que ver que cuando uno se enamora todo lo que hace, todo lo que dice la persona amada es bello ¿a poco no?
-Te voy a raptar todo el sábado-
-Si me dejo tú. ¿a dónde?-
-Ya verás. Mañana pasó por ti como a las diez-
-Está bien pero puntual ¿eh? A mí no me gusta estar esperando-
-Más puntual que el Big Ben te lo juro- Otro rato más entre besos de despedida y fuertes abrazos.
¡Qué noche! mis amigos y amigas, qué noche me pasé pensando en mi niña. Siempre es lo mismo cuando inicias algo, sueñas y te vas haciendo planes como en el chiste de la mujer en el parque, ésa que cuando le preguntan la hora casi casi termina su monólogo con el divorcio y la pensión alimenticia y el adulterio y todo lo que pasa entre las parejas. Claro, todo en menos de cinco minutos. Yo me veía paseando con mi princesa por todos lados, presumiendo por todos lados al forro de mujer que era Maritza.
Todo el sábado para nosotros. La llevé a mi lugar más romántico, mi panteón de Cuajimalpa. Se encuentra en la punta del cerro. Les juro que en ese entonces se podían ver desde las torres de Satélite, y todo el plano de la Ciudad de México, hasta el Colegio Militar de la salida a Cuernavaca. Es una vista increíble, desde donde siempre me sentí el dueño del mundo. Ahora con mi niña era dueño del Universo. Mis caminos, mis lugares, mis costumbres, mi gente siempre tan de pueblo; sincera y llena de alegría, franca en el saludo y la sonrisa a flor de labio. Nos fuimos a la Venta para comer una rica sopa de hongos, no alucinógenos ¿eh?, llegar hasta Cruz Blanca y sus enormes árboles. Caminar hasta cansarnos y tendernos en la hierba. Ver el cielo completamente azul y verme en sus verdes ojos. Su pelo a media espalda que se mueve al compás del viento. Ese cuerpazo que parece no tener peso ya que la puedo cargar, unos cien metros nada más, pero la puedo cargar. Al anochecer nos fuimos al cine y a cenar rico al centro. Besos, caricias y sueños. Corto que es el tiempo cuando es placentero. Ahora sí, ya era mi novia en forma, era mi sueño hecho realidad, era mi locura en la vida.
Domingo de Mixquic, porque hay que pasear ahora que se tiene con quién. Ofrendas bellísimas, gente por todos lados, guías que se ofrecen para darte un recorrido mágico. Pueblo y más pueblo. Dejamos por hoy la ciudad atrás.
-En serio que eres bastante raro- dijo cuando nos cenábamos unos buñuelos con atole de elote y pan de muerto.
-¿Por?-
-No me imaginé que fueras así-
-¿Así cómo?-
-Pues que te gustara tanto esto de las tradiciones mexicanas-
-Uyy pos como se ve que no me conoces ¿eh?-
-Ya veo-
-Mira, mi gente es todo México, no habrá lugar en el cual no me sienta en mi casa. Para mí lo que vale de mi país es mi gente. A cualquier lugar que llego siempre tiendo la mano, porque así me enseñaron en Cuajimalpa. El saludo, la mano y la sonrisa. Es algo que te llevas como formación a cualquier lugar que vas.
-¿Y cómo le haces cuando te tratan mal?-
-Pues se lo dejo al tiempo y me disculpo por no entenderlos. Es algo que no sé cómo explicarlo. Cuando alguien está triste trato de acompañarlo y si puedo aligerarle la pena, pues lo hago y si no puedo pues solo lo acompaño.
-Tú sí que eres de otro planeta- dijo sonriendo
-Pues no me siento así ¿eh?, yo me siento más mexicano que los nopales y el chile y las tortillas y los tacos y todo esto que es de nosotros.
-Me gustaría ser como tú pero no puedo-
-¿Por qué?-
-Porque me han herido mucho- un dejo de tristeza y nostalgia hay en su voz- Confié y me traicionaron-
– Pero yo no te voy a traicionar ni a engañarte- dije vehemente
-No lo sé, eso dices ahora. Pero quien sabe después porque cuando los hombres consiguen lo que quieren cambian- y miró hacia la nada, de esas veces que sabes que aun estando contigo, simplemente están en otro lado.
-¿Y cómo sabes qué quiero?-
-Todos los hombres buscan lo mismo ¿a poco tú no?-
-No lo sé, depende de lo que quieras decir-
-Te pregunté una vez si me deseabas ¿te acuerdas?-
-Si claro que me acuerdo-
-¿Y a poco no es cierto que me deseas?- su voz sonaba inquieta
-Mira chamaca- dije serio- si te digo que no, te estaría mintiendo, sería como querer hacerse como el tío lolo-
-¿Cómo?- dijo sorprendida
-Si mujer, se le dice así a todo aquel que se hace tarugo solo- y soltó su clásica sonrisita de “me estas tanteando” – y a mí no me gusta hacerme el tarugo… ¿por qué crees que te pedí que fueras mi novia?- solté a bocajarro
-No lo sé a lo mejor para guardar las apariencias-
-Aparentar ¿qué? ¿Que soy decente, que soy serio o que soy un lobo con piel de oveja? ¿Eso crees?-
-Te digo que no lo sé- dijo medio molesta
-Ah bueno pues para que lo sepas, a mí me enseñaron que si se quiere ser formal con una mujer, hay que pedirle que sea novia primero, que se tiene uno que conocer y saber cómo es la otra persona. Sin duda que hay una atracción, pero para mí la física es secundaria, que sí es importante pero no es la única. Para mí lo más importante es la manera de ser-
-¿Y cómo sabes que mi manera de ser te agrada?- me interrumpió
-No lo sé, por eso quiero que seas mi novia para mí, después cuando esté seguro de que vamos bien y que hay entendimiento entonces te llevaré a mi casa que te conozca mi familia-
Silencio eterno. Silencio que no sabes a dónde va. Silencio que hace conjeturas de todo y nada.
-No sé de dónde vienes o cómo piensas, pero sí que eres muy raro- dijo y me tomó la mano- y eso me agrada de ti- se acercó y no pude resistir besar esos labios que ante mi estaban a mi disposición. ¿A poco no vuela uno por todos los lugares imaginados? La primera vez cierra uno los ojos, pero de las siguientes, al menos a mí me encanta ver los ojos cerrados de mi niña, creyendo que ella sabe a dónde ir y me lleva consigo.
Regresamos a la ciudad, regresamos a la realidad. Despedida eterna y corta, como suele suceder cuando estás con alguien de quien no te quieres separar pero tienes que hacerlo. Promesas de salida, agenda completa para los fines de semana. Ahora ya tenía con quien pasarlos de manera diferente, ya que antes con mis amigos era de ley que el viernes de alcohol, el sábado de pachanga y el domingo de deporte. No nos fallaba, entre semana ellos a la escuela y yo al trabajo. Así eran aquellos días, con la rutina que cambia cada fin para seguir igual. Entre juegos de baraja y dominó y las chelas y los chistes y todas esas cosas que entre buenos amigos sucede. Pero a partir de mañana, como dice Alberto Cortez en su canción, mi vida tendría otro sesgo, tendría otro color el cielo y otra ruta mi destino: Mi Maritza.