Mario El Prof

PEQUEÑAS HISTORIAS   017

PEQUEÑAS HISTORIAS   017

Hablando de amores (17) Preparando mi cumpleaños

Las semanas pasan y se acerca el día de mi cumpleaños. Yo nunca he sido fan de festejarlo. Si se puede bien y si no también, ya que el tiempo para mí no es por años, es por vivencias. Pero cuando te lo quieren festejar, pues quien se puede negar, a quien le dan pan que llore, dice el dicho ¿no?

Mi niña está haciendo planes para ese viernes. Me pregunta y no sé qué decirle. Ella se quiere salir de lo tradicional, quiere que hagamos lo que yo quiera, y bueno ¿verdad? ¿Lo que yo quiera? Pues está cañón porque lo que yo quiero… bueno ya se imaginarán qué es, pero ni modo de decírselo así de golpe y porrazo ¿no? Digo para eso hay que ser tierno y suave, pero eso es algo que a mí me falta. Y no porque no sepa, claro que sé que hay que hacer pero… bueno ya veré que hago.

Mientras tanto el tiempo nos va llevando cada fin de semana a lugares diferentes,  hemos salido a Teotihuacán, a Tula y a la Marquesa.

Cuando estuvimos en la Marquesa nos la pasamos súper.

-¿Por qué no te subiste al caballo?- pregunté

-Es que les tengo mucho miedo  

-¿Por?

-Cuando tenía como ocho años me subieron a un caballito de esos chaparros-

-Un pony-

-Si ándale a un pony y me caí muy feo, bueno al menos eso sentí porque me fui haciendo de lado y que ahí te voy a dar al suelo-

-Bueno, pero no es para tanto-

-La caída no, pero es que se me atoro el pie en la silla y me arrastró un buen tramo, desde entonces no me subo ni a los del carrusel-

-¿Y qué, nadie hizo nada?

-Todos se estaban riendo de mí y de la arrastrada que me dio el pinch.. digo el pony ese- me miró- perdón es que a veces se me salen sin querer-

-No te preocupes- tomé su mano y se la besé suavemente- no hay problema-

-Es que contigo me da vergüenza, tú nunca dices una grosería. Fíjate es algo muy curioso. Todas las muchachas de la oficina me dijeron que nunca te han escuchado decir majaderías y no les creí. Ahora veo que es cierto, hasta ahora no te las he oído decir-

-Porque no las necesito. Siempre me han parecido de mal gusto. Son como formas de expresar un coraje y usarlas sin sentido me parece que es… como te digo… pues vulgar. Hay que decirlas cuando es necesario. No siempre son necesarias.  Allá en Cuajimalpa cuando éramos chicos y se nos salía alguna grosería, los viejos, que siempre andaban algunos cerca, nos decían que si sabíamos lo que quería decir, y como no sabíamos pues ellos nos acostumbraron a saber su significado. Por ejemplo, pinche es ayudante de cocinero y ya me imagino al pony como ayudante de cocinero- soltamos la risa nomás de imaginar al pony con su delantal lavando platos en la cocina o trayendo las cosas para el chef y un escudo de caballo y no sé cuántas cosas más.

-No te puedo imaginar enojado. Me dicen que cuando fuiste con Rubén te veías bien enchilado y me hubiera gustado verte así-

-No te lo recomiendo. Solo una persona me ha visto realmente enojado, y yo me di cuenta de que me enojé mucho y me prometí no volver a hacerlo.

-¿por qué?

-Pues porque lo andaba medio matando a golpes-

-¡No me digas! ¿Y quién fue?-

-Mi hermano Héctor. Estábamos aprendiendo a pelear, yo le estaba enseñando y se le ocurrió darme un golpe en la cara y me perdí, no supe realmente qué pasó, pero cuando reaccioné estaba sobre él dándole de puñetazos. Lo pude haber matado y me dió mucho miedo enojarme así – sin saber los ojos se me habían enrojecido y estaba a punto de llorar. Esos recuerdos duelen, y mucho, cuando sabes que sin querer podrías haber provocado una desgracia. Sentí cómo apretó fuertemente mis manos se acercó y me besó.

-¿Ya sabes que quieres para tu cumple?-

-Yo ya lo sé- dije pícaramente y ella con voz inocente dijo

-¿A sí? ¿Y qué es?- me dio una de esas miradas que atraviesan, de esas miradas que te dicen todo y nada, esas miradas de ¿a ver si tan machito?

-Pues a ti- dije con cierto desparpajo

-¿Cómo que a mí?- dijo con aire inocente

-Si a ti, te voy a raptar, así como en las películas. Pero no a caballo porque capaz que me tiras y te caes después- y soltó la carcajada- te voy a raptar en mi chavo y nos vamos a ir de parranda hasta que se acabe la noche ¿cómo ves?

-Pues si me dejo tú. Has de creer que es muy fácil ¿no?-

-Pues no sé, yo nomás te voy a ir tanteando a ver a qué hora sales al pan o a las tortillas y de repente te voy a caer encima con un costal y vámonos tendidos como bandidos y aflojando los tejidos y que me la traigan, porque si voy por ella me quedo, verdad de Dios.- ella seguía riendo

-Tienes unas ocurrencias- sonreía de manera tan limpia, tan ingenua tan… bueno enamorado qué no ves en aquella o aquel que amas ¿a poco no?

-Pero a poco no estaría bueno. Que te tomo y te llevo a donde a mí se me ocurra y que nadie sepa dónde estamos ni cómo nos vamos a querer-

-Quien sabe, porque a lo mejor no me dejo- esa mirada pícara de “a ver si te animas”.

Tomé una servilleta y comencé a escribir un acróstico:

Mandar al mundo a otra dimensión,

Amarte sin freno y quererte sin razón,

Rendir a tus pies las nubes,

Inundar nuestro hogar de bendiciones,

Tomar las estrellas y colgarlas en tu cuello,

Zafiros y diamantes se opacarían ante ti,

Andar de tu mano unido por siempre.

Y se la entregué. Ella la leyó con lentitud, sus ojos se pusieron vidriosos, una lágrima estaba a punto de brotar y rápidamente levantó la cara, me vio y en rápido movimiento giró hacia otro lado, mientras tomaba una servilleta y se secaba los ojos.

-¿Qué pasó, no te gusto?-

-Eres en tarado- dijo

-¿Por qué?-

-Pues porque escribes todo ésto y no sabes si yo te voy a corresponder igual-

-Pero con el tiempo quien sabe, a lo mejor hasta te enamoras de mi-

-Ay si tú, el modesto y unos amigos ¿no?- dijo con esa ironía femenina

-Pero ese es mi sueño-

-A ver si no en lugar de sueño tienes pesadillas tú- dijo sonriendo aún con los ojos enrojecidos

-Pero si ya eres mi pesadilla, me traes arrastrando la cobija, besando las banquetas, me traes de un ala, me traes – y un beso suave me interrumpió

Cosas que pasan entre dos seres que sienten algo que los une, cosas que se van dando así de sencillo, sin otro motivo que conocerse y quererse aún más.

Se acerca ya mi cumpleaños y estoy dispuesto a raptarla el viernes por la noche. Llevarla a cenar, a bailar y a caminar bajo las estrellas. Desde que salgamos de la empresa será toda mía.

Le dejé recados en su escritorio toda la mañana. Unos decían que: a qué hora sales al pan o nos vemos en el atrio de la Iglesia o cuándo sales a las tortillas y cosas por el estilo, pero no faltó quién los leyera y me convertí en la botana todo el día. Aunque ya todos sabían que éramos novios o que salíamos juntos, nunca faltan los moscones que andan ahí, queriendo picar y dejar roncha, una roncha de celos, que sin que se dé uno cuenta, ahí se queda para estar molestingando, para estar como los cuchillitos de palo, nada que cortan pero bien que friegan. Pero al fin me dejó el recado esperado: te espero a las seis, pasa por mí tqm. Ya con eso bastaba para saber que podría tener un cumpleaños de película. 

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