Mario El Prof

PEQUEÑAS HISTORIAS   018

PEQUEÑAS HISTORIAS   018

Hablando de amores (18) mi cumpleaños

Tarde de viernes y el tránsito a rabiar, todo mundo quiere llegar a quien sabe dónde, pero ya quiere estar ahí. Mis planes eran muy sencillos: cenar, bailar (bueno al menos ella ¿verdad? Yo solo moverme) y caminar por la alameda con las estrellas por techo y las calles nuestro camino.

Una buena cena y una plática amena, nada de andar profundizando en temas ni de política ni de religión ni del trabajo.

-¿Qué te pareció la carne de corte argentino?

-De-li-cio-so – silabeo la muy condenada, con ese tono de conocedora

-Me da gusto ¿y el vino tinto?-

-Muy sabroso, había probado otros pero este italiano es muy suavecito y muy dulce ¿A cuántas has traído aquí?-

-Aunque no lo creas eres la primera-

-Ay si tú, la primera cómo no y yo de mensa que te lo creo ¿no?-

-¿Ah no me crees?-

-Pues no, no te creo-

-Mira, éste me lo recomendó un amigo del depa. Vine, solo ¿eh?, a ver cómo estaba y ve nada más que vista tiene-

-Si, tiene una bellísima vista y además es giratorio ¿verdad? Se ve toda la ciudad-

-Por eso se llama el Hotel de México, desde aquí puedes ver todo lo que quieras del DF, a mí me encanta-

– A mí también-

-Bueno, pero a mí lo que me encanta son los precios ¿eh? Te quedas encantado nomás de ver lo que se paga- y que suelta su sonrisa, hermosa como toda ella

-Eres cruel mira que decir eso cuando me has invitado-

-Bueno por ti pagaría lo que fuera, porque estuvieras a gusto-

Una plática llena de planes y sueños. Hablamos de mi pasado porque el de ella era un misterio. El pasado de las mujeres siempre será un misterio. Se guardan secretos que solo las amigas verdaderas conocen, porque ni los maridos saben todo de sus esposas ¿o no?

Hablamos de muchas cosas, yo siempre pensando que sería con ella y ella tratando de no ser parte de algo, por miedo o por precaución, no lo supe.

Al terminar salimos del “BELLINI”, que así se llama el restaurante y nos fuimos a la bellísima Zona Rosa a bailar un rato, claro que la que me bailaba era ella, tanto el cuerpo como el corazón al que ya tenía completamente bailado.  

Mi chavo andaba recontento, pues sabía muy bien que llevar a una preciosidad como Maritza era un lujo. Serían como las doce de la noche y, todavía se podía andar con seguridad por el centro, nos dirigimos a la Alameda Central. Dejé a mi chavo en un estacionamiento y nos fuimos a caminar un rato, luego nos sentamos atrás del Hemiciclo. De pronto surgen tantas cosas que no entiendes o no sabes qué pasa.

-¿Sabes?- dijo- nunca me había sentido así-

-Así ¿cómo?-

-Pues no sé, así como muy a gusto-

-¿No será feliz?-

-Quizá, no lo sé- miraba hacia los árboles- pero me da la impresión, que de pronto las cosas son tan diferentes que me da miedo-

-¿Miedo de qué?-

-Pues de que no sea real todo esto, que sea un sueño y que al despertar voy a terminar llorando. Esa ha sido mi historia- una lágrima afloraba

-No por favor, no vayas a llorar, que no te invité a salir para verte llorar-

-Es que son tantas cosas las que siento. No sé si lo que siento es bueno o malo, o si debo o no debo estar contigo, si eres como dices o me mientes como todos-

-¿Por qué te mentiría?-

.Pues para conseguir lo que todos-

-¿Y no crees que para eso no tendría que hacer tantas cosas y te lo hubiera propuesto desde hace tiempo?-

-¿Te acuerdas que te pregunté una vez si me deseabas?-

-Claro que me acuerdo-

-¿Y?- Sus ojos me veían profundamente, como si buscaran dentro de mi alma alguna duda o mentira

-Siempre te he dicho que te mentiría si te digo que no, pero para mí el deseo lo alimento conociendo tu manera de ser, tus sentimientos tu..- y otra vez que me interrumpe

– ¿Acaso no puedes ser directo?- dijo en tono serio

-Pues si así lo quieres… sí,  te deseo con una fuerza desmedida, sueño con acariciarte suavemente, paso mis noches imaginando que entras a mi cuarto y te tomo entre mis manos- mi voz se fue haciendo firme- te beso cada poro de tu piel y recorro en todas direcciones tu cuerpo- me veía a los ojos y apretó mi mano-

-¿Me invitas a ir contigo?- dijo al oído

-¿A dónde?- dije

-Ahí, dónde estás en este momento- y me besó suavemente en los labios

Quedé petrificado, no sabía qué otra cosa hacer, la abracé con fuerza. Nuestro beso duró una eternidad. Ella con los ojos cerrados y yo embelesado mirándola. La senté en mis piernas como muchas veces lo había soñado. Ahí sentados en medio de todos sin importarnos si nos veían o no, éramos dos locos aferrados a su presente, atados por ese lazo invisible que todos llaman amor.

-¿Quieres ir al departamento?- me preguntó

-¿Estás segura?-

-En este momento sí, quizá después me arrepienta, pero ahora quiero estar contigo- y me veía recorriendo mi cara y mi pelo con su mano

-Si estás segura vamos-

Y nos fuimos a su departamento. Nunca había entrado, pues siempre la había dejado en la puerta. Bueno hay que ver que chulada de lugar, nada que ver con el que teníamos mis amigos y yo. Pa empezar flores, adornos por doquier, todo bien arreglado y muy pero muy limpio. Digo el nuestro siempre estaba limpio, pero en comparación nada que ver. En el nuestro no había ni flores ni tantos adornos, digo teníamos un cuadro con naturaleza, un espejo de cuerpo entero y nuestro comedor y un sillón, siempre peleado, la tele que nunca falta. Un lugar acogedor y muy femenino. ¿Qué se puede decir de lo que pasó en todo ese tiempo? Nada, los caballeros no tenemos muchas palabras, pero si el cielo tuvo alguna forma, para mí fue esa habitación donde simplemente me perdí y no quería regresar. Calidez y ternura, todo fue sentirnos y amarnos.

Primera vez que me pasaba la noche fuera del departamento compartido con  mis amigos, primera vez que me tomaba la libertad de estar en otro lugar, sin tener que avisar a nadie. Despertar a su lado fue la cosa más maravillosa que me había sucedido. La miraba dormir, su respiración tranquila y pausada, sus ojos cerrados y su brazo sobre mi pecho. Acurrucados sin mayor preocupación, así me fui quedando dormido. Hoy no tenía que soñar nada, mi sueño estaba hecho, con la realidad a mi lado.

Pensé que al despertar seguiría en mi fascinación, pero la realidad es bastante cruel.

-Hola- dije al abrir los ojos, ella me miraba

-Hola – dijo- ya es muy tarde y tienes que irte-

-¿Por qué, no quieres ir a desayunar algo?-

-Por favor no me hagas preguntas, quiero estar sola-

-Pero – y como de costumbre me interrumpió

-Por favor te digo que quiero estar sola-y se levantó. ¡Ay, Dios, que bárbara! se veía impresionante- me voy a bañar y por favor luego te llamo- no me dio tiempo de nada y entró en el baño. Me levanté sin saber qué pasaba, uno nunca sabe qué pasa en la cabeza de las mujeres, no dicen nada y siempre pasa todo ¿o no?

Espere todo el fin de semana y nada. Como las novias de pueblo dicen, me quedé esperando vestido y alborotado que me llamara. Un silencio muy agorero todo el fin de semana. El domingo por la noche llamé, pero no hubo respuesta. Claro que le llamé a su casa porque en ese tiempo los celulares eran como un sueño.

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