Hablando de amores (29) principio del fin, la borrachera.
Por fin se llegó el viernes y más puntual que el Big Ben, llegué a mi cita con Maritza. Y cómo dice el dicho “cuando el río suena es que algo lleva”, sentí un frío beso de recepción. Sus labios fueron lejanos y sus ojos huidizos. Quesque porque buscaba algún papel o guardaba algo en cualquier cajón.
- Hola- dije
- Hola- contestó y un beso rápido- espérame tantito- y no me veía de frente
- ¿Lista?-
- Sí, solo paso al baño y nos vamos- y se fue. Me quedé pensando que de seguro algo había pasado en el día que la tenía así
- Hola tú que milagro- escuché a mi espalda, era July
- Hola July ¿cómo estás?-
- Yo bien ¿y tú?-
- Bien chamaca ¿por?-
- Nomás para saber-
- ¿Qué hay de nuevo?-
- ¿No sabes?-
- ¿Qué?- en eso llegó Maritza muy sonriente
- ¿Nos vamos? Hola Julieta ¿ya te vas?-
- Si manita ya estoy de salida-
- Si quieres te llevamos- dije muy solícito, como siempre
- No gracias- alcancé a ver que antes de contestar intercambio una mirada extraña con mi niña- voy para otro lado manito pero gracias. Se portan bien ¿eh?-
- Como siempre- dije
- Bueno adiós July- le dio un abrazo y me tomó del brazo y salimos rumbo a mi chavo
Mientras caminábamos, un frio extraño me invadía. Su brazo se aferraba fuertemente al mío y sentía su calor. Al llegar le abrí la puerta y no pude dejar de ver esas piernas hermosas. Me subí y arranqué. Cuando iba a encender el estéreo dijo:
- Por favor ¿me puedes cantar una canción?-
- La que quieras- dije
- Por qué nos dijimos adiós ¿te la sabes no?-
- Pero claro- y la empecé a cantar, y así me fue pidiendo canciones, hasta que llegamos a la Zona Rosa, y en el estacionamiento antes de salir me dijo
- Hoy vamos a hacer todo lo que tú quieras-
- ¿Todo?- dije maliciosamente
- Todo todo. Tú mandas y yo obedezco-
Sin entrar en muchos detalles, fuimos a cenar después a bailar y a caminar por la alameda. Hablamos de todo lo que yo quise. El frio fue un compañero fiel, que la hizo mantenerse pegada a mí. Le hablé de mis sueños de tener una casa en las afueras con huerta y jardín. Con una alberca y salón para bailar, y en la parte alta un observatorio con telescopio y todo para ver las estrellas. De estar juntos toda la vida. Ella preguntaba cosas, y pensé que le gustaba lo que decía. Cerca de las dos de la mañana llegamos a su departamento y pasó de todo. Tomamos unas copas y se fue dando el deseo suave y tierno. Sus manos en mí y mis labios recorriendo su piel. Paso el tiempo y con el cansancio, nos quedamos dormidos.
Soñé toda una vida. Como suele suceder cuando dormimos, brincamos de una etapa a otra. Pude vernos con hijos y como fuimos envejeciendo. Pude vernos, sentados al ocaso de una tarde tomados de las manos, hablando de la vida, de nosotros, de los hijos y vayan ustedes a imaginar de qué más. Pero así soñé esa noche.
Al abrir los ojos ella no estaba a mi lado. Escuché el ruido del agua en el baño. Me senté a esperar verla salir. Sorprendida me dijo:
- Hola –
- Hola- dije-¿qué vas a algún lugar?- sin decir palabra se vistió, siempre dándome la espalda
- ¿Cómo te la pasaste, bien?-
- Perfecto, al menos así lo siento. Fue una noche maravillosa-
- Me da mucho gusto que así haya sido- decía sin verme- porque ese recuerdo es el que quiero que tengas de mí- su voz sonaba lejana, al menos eso me parecía
- ¿Perdón? No entiendo- dije
- Y no creo que lo puedas entender- decía sin querer verme a los ojos
- Pero es que- y que me interrumpe como siempre
- Por favor no digas nada y escúchame ¿puedes?-
- Está bien-
- Mira Mario, eres una buena persona, me enseñaste muchas cosas que yo siempre soñé en alguien. Eres bueno y muy tierno, y te juro que si no hubiera existido ese otro del que te hablé, tú serías a quien yo querría tener a mi lado siempre- y calló por unos segundos- pero hay cosas en las que no puedo ni explicarme yo misma. Recibí un telegrama donde me pide que me vaya con él, que se casará conmigo y ya hablo con mi mamá y mi familia y… le contesté que sí. Por favor no me lo tomes a mal. Te juro- y ahora quien la interrumpió fui yo
- No, no me jures nada. Tienes razón no entiendo y no podré entender. No sabes el dolor que me causas- mi voz era seria y fuerte
- Pero no me grites-
- No estoy gritando quizá hablo fuerte cuando estoy así, dolido y amargado. No tienes idea de todo lo que puse en ti, mis sueños mis anhelos mi vida era tuya, y me dices así de simple que me dejas y te vas con ése que tanto daño te hizo. No, no lo entiendo. Soy muy bruto- estaba a punto de llorar pero me dije: “ese gusto no se lo das” y me quedé callado. Sus ojos estaban rojos y tomó ese valor que tienen las mujeres y que pocas veces en la vida lo hacen sentir
- Bueno como te vas a poner en plan de víctima, yo ya me voy. Tengo que dejar arregladas unas cosas en la oficina. Hoy salgo en la noche y para no hacerte daño, no me volverás a ver ni a saber nada de mí- se levantó y se fue.
Ya no dije nada, no tenía nada que decir. Estuve sentado en la cama sin saber qué hacer o qué pensar. Cuando tienes veinte años una salida fácil es el alcohol, amigo de todas las penas y todas las alegrías. Como dice el dicho “para todo mal mezcal y para todo bien también”, aunque mezcal no había, me levanté y tomé la botella de Cutty Sark y me fui al departamento con mis amigos. Serían las nueve de la mañana cuando llegué con ellos, que aún no se levantaban. Pues yo bien sabía que los viernes era de cervezas y sábado hasta la madrugada. Procuré hacer mucho ruido para que supieran que había llegado. Mi compañero de cuarto Julio salió adormilado
- Qué pasó compañero menos ruido ¿no?- dijo y se metió al baño
- No pasa nada amigo- dije sin mucho convencimiento. Salió del baño
- Ora tú ¿ pues qué tienes?- ya había puesto dos vasos sobre la mesa y la botella de Cutty Sark y agua mineral
- Nada hijo, tengo ganas de tomar ¿cómo ves?- dije- ¿te la echas conmigo o qué?- dije retador
- Espérate ¿no ves que es muy temprano?- dijo
- Nunca es temprano ni tarde para un buen trago con un amigo ¿o no?-
- ¿Ora tú pues que te traes?-
- Nada, solo ganas de tomar- salieron Ernesto y Jaime, los otros compañeros del departamento y amigos
- Ora wey ¿ pos que trae este cabrón?- dijo Ernesto
- A que pinchi ruido traen ¿eh?- dijo Jaime
- Pues que bueno que ya despertaron chamacos, éntrenle que hoy traigo ganas de chupar hasta caerme ¿Cómo ven?-
Y se hicieron del rogar quesque porque era muy temprano, que no sabía cómo estaban, que la desvelada estuvo buena con el dominó y las chelas, y siguieron hablando. Pero para algunos el recurso del chantaje todavía era válido, y más aún en esas circunstancias. Así que tomé el espejo del baño y les dije
- ¿Saben qué? A la goma bola de sacones- puse la mesa pegada a la pared y el espejo del baño recargado en la pared, me senté de frente al espejo y serví dos vasos. Tomé uno y dije- salud amigo, t+u si sabes cuando haces falta- hablando a mi imagen y di un sorbo a uno de los vasos. Terminando, tomé el otro vaso- salud compañero, sabes que siempre estaré contigo cuando lo pidas- me dije a mi mismo y di un sorbo al otro vaso. Todos me veían sorprendidos de la actitud. Saqué mi guitarra y dramáticamente le di un beso al cuerpo- hola vida mía, tú que eres tan fiel y sabes cómo ando, acompáñame- y comencé a tocar, entonces escuché perfecto como Julio les decía
- Ahora sí que ya la fregamos a este compa me lo acaban de batear y gacho-
- ¿tú crees?- dijo Ernesto
- Claro camarada, a este bato le pego la calentura y se nos está echando a perder- dijo Julio
- ¿Y qué hacemos?- dijo Jaime
- Pues estar con él baboso, ni modo que lo dejemos así. Siempre ha estado con nosotros ¿no?-
- No pues si- dijeron los dos mientras yo me hacía tarugo tocando cualquier cosa con mi guitarra
- Pero no seas díscolo camarada- dijo Julio- hacen falta más vasos ¿no?- y se fue a la cocina por otros vasos, en lo que los demás se vestían.
Así empezó una de las borracheras más memorables de mi vida. Empecé a tomar con mis amigos, desde las diez de la mañana del sábado hasta las 3 de la madrugada del lunes. Por alguna extraña razón, el cuerpo responde de manera inusual cuando andamos sentidos, como jarritos de Guadalajara según algunos “corrientes y delicados”, cualquier cosa nos da lo mismo, vivir o morir. Sentimos que muchas de las cosas que hacemos, no valen la pena, creemos que nadie puede entendernos, y aún con gente alrededor nos sentimos solos. Nos vamos hundiendo en lo que fueron nuestros sueños. Cantamos alegres disfrazando el dolor y la impotencia. No recuerdo si comí o no, pero lo que, si recuerdo claro, es que no me aguantaban el paso. Se turnaron para dormir, en cuanto cayó el primero, que siempre era Jaime. Vagamente recuerdo que algunas de las amigas que teníamos, estuvieron con nosotros unas horas el sábado y las fueron a dejar, mientras yo seguía sumido en mi miseria.
Cuando estamos así, queremos que el tiempo vuele sin saber a dónde. Al menos, yo canté hasta que se me acabó la aguardientosa voz que tengo. Puras alegres, nada de dolorosas que me la recuerden, “porque si voy por ella me quedo verdad de Dios” dice el dicho. De todo hubo baladas, boleros, rock, rancheras, corridos y hasta cumbias del Rigo. Vagamente recuerdo haber sido el “payasito” de la fiesta, contar chistes, hacer bromas, imitar a cuanto personaje me pedían. Irónico me burlé de mí mismo hasta hartar la reunión. Se fueron y seguí tomando. Cuando estuve solo lloré sin que nadie me viera. Lloré de impotencia, de dolor, de rabia, de soledad, de creer que no merezco que alguien me quiera, de sentir la traición a mis sentimientos. Tardaron casi hora y media en regresar, lo que me dio tiempo para calmarme y seguir tomando. Pasó así el domingo entre tragos para mí y cervezas para ellos. Cuando ya cansados se fueron a dormir, me salí, borracho y dando tumbos a caminar, y ver las estrellas y fumar un cigarro. En esos tiempos era muy seguro andar por esas mis calles de Lindavista. Poca gente caminaba a esa hora. Muchos quizá a su trabajo y otros regresando a casa, yo sin mucho que hacer y llena la cabeza de recuerdos.
No sentía frío, sentado en una banca miraba al cielo sin muchas ganas, las manos cruzadas, mis ojos puestos en ellas y mi pensamiento volaba por el tiempo tratando de olvidar lo que era imposible. Cuando vives con tanta intensidad, cuando crees que tu futuro está ahí, con esa persona a la que le entregas, según tú, toda tu vida. Cuando crees que estás solo.
Así se fue Maritza. Mi sueño que se quedó en eso: en un sueño.